D. Cár.—No importa, que nada temo.
D. Rod.—Aquí don Cárlos está,
Y para lo que traemos
Que tratar, grande embarazo
Será.
Cast.—(A don Cár.) Señor, reza el credo
Porque estos pienso que vienen
Para darnos pan de perro;
Pues sin duda que ya saben
Que fuistes quien á don Diego
Hirió, y se llevó á Leonor.
D. Cár.—No importa, ya estoy resuelto
A cuanto me sucediere.
D. Rod.—Don Cárlos, don Juan y yo
Cierto negocio traemos,
Que precisamente ahora
Se ha de tratar con don Pedro,
Y así, si no es embarazo
A lo que venis, os ruego
Nos deis lugar, perdonando
El estorbo, que los viejos
Con los mozos, y mas cuando
Son tan bizarros y atentos
Como vos, esta licencia
Nos tomamos.
D. Cár. (Ap.)—Vive el cielo,
Que aun ignora don Rodrigo
Que sor de su agravio el dueño.
D. Juan. (Ap.)—No sé, vive el cielo, como
Viendo á don Cárlos contengo
La cólera que me incita.
Celia.—Don Cárlos, pues el empeño
Mirais en que está mi ama
Si llega su hermano á veros,
Que os escondais os suplico.
D. Cár.—Tienes razón, vive el cielo,
Que si aquí me ve su hermano,
La honra de doña Ana arriesgo;
Y habiéndome ella amparado,
Es infamia; mas ¿qué puedo
Hacer yo en aqueste caso?
Ello no hay otro remedio;
Ocúltome, que el honor
De doña Ana es lo primero;
Y despues saldré á vengar
Mis agravios y mis celos.
Celia.—Señor, por Dios, que te escondas
Antes que salga don Pedro.