D. Juan.—Estoy tan fuera de mí
De haber visto manifiesto
Mi agravio, que no sé cómo
He de sosegar el pecho
Para hablar en el negocio
De que he de ser medianero,
Que quien ignora los suyos,
Mal hablará en los ajenos.
(Sale don Cárlos á la reja.)
D. Cár.—Ya que fué fuerza ocultarme
Por el debido respeto
De doña Ana, como á quien
El amparo y vida debo,
Desde aquí quiero escuchar,
Pues sin ser yo visto puedo,
A qué vino don Rodrigo,
Que entre mil dudas el pecho,
Astrólogo de mis males,
Me pronostica los riesgos.
(Sale don Pedro.)
D. Ped.—Señor don Rodrigo, ¿vos
En mi casa? Mucho debo
A la ocasion que aquí os trae,
Pues que por ella merezco
Que vos me hagais tantas honras.
D. Rod.—Yo las recibo, don Pedro,
De vos, y ved si es verdad,
Pues á vuestra casa vengo
Por la honra que me falta.
D. Ped.—Don Juan, amigo, no es nuevo
El que vos honreis mi casa.
Tomad entambos asiento,
Y decid ¿cómo venis?
D. Juan.—Yo vengo al servicio vuestro;
Y pues á lo que venimos
Dilacion no admite, empiezo:
Don Pedro, vos no ignorais,
Como tan gran caballero,
Las muchas obligaciones
Que teneis de parecerlo.
Esto supuesto, el señor
Don Rodrigo tiene un duelo
Con voz.
D. Pedro.—¿Conmigo, don Juan?
Holgárame de saberlo.
[Ap.]—¡Válgame Dios, qué será!