D. Rod.—Don Pedro, ved que no es tiempo
Este de haceros de nuevas;
Y si acaso decis eso
Por la cortes atencion
Que debeis á mi respeto,
Yo estimo la cortesía
Y la atencion os dispenso.
Vos amante de Leonor
La solicitásteis ciego,
Pudiendo haberos valido
De mí, y con indignos medios
La sacasteis de mi casa,
Cosa que....Pero no quiero
Reñir ahora el delito,
Que ya no tiene remedio,
Pues cuando os busco piadoso
No es bien reñiros severo;
Y como lo mas se enmiende
Yo os perdonaré lo menos.
Supuesto esto, ja sabeis
Vos que no hay sangre en Toledo
Que pueda exceder la mia;
Y siendo esto todo cierto,
¿Qué dificultad podeis
Hallar para ser mi yerno?
Y si es falta el estar pobre
Y vos rico, fuera bueno
Responder eso, si yo
Os tratara el casamiento
Con Leonor; mas pues vos fuísteis
El que la eligió primero,
Y os pusísteis en estado
Que ha de ser preciso hacerlo,
No he tenido yo la culpa
De lo que fué arrojo vuestro.
Yo sé que está en vuestra casa,
Y sabiéndolo no puedo
Sufrir que esté en ella sin que
Le deis de esposo al momento
La mano.
D. Ped. [Ap.]—¡Válgame Dios!
¿Qué puedo en tan grande empeño
Responder á don Rodrigo?
Pues si que la tengo niego,
Es fácil que él lo averigüe,
Y asi la verdad confieso
De que la sacó don Cárlos,
Se la dará á él, y yo pierdo,
Si pierdo á Leonor, la vida;
Y si el casarme concedo
Puede ser que me desaire
Leonor; ¡quién hallara un medio
Conque poder dilatarlo!
D. Juan.—¿De qué, amigo, estáis suspenso?
¿Cuando la proposicion
Resulta en decoro vuestro?
¿Cuando el señor don Rodrigo,
Tan reportado y tan cuerdo
Os convida con la dicha
De haceros felice dueño
De la beldad de Leonor?
D. Ped.—Lo primero que protesto,
Señor don Rodrigo, es que
Tanto la beldad venero
De Leonor, que puesto que
Sabeis ya mis galanteos,
Quiero que esteis persuadido
Que nunca pudo mi pecho
Mirarla con otros ojos
Ni hablarla con otro intento,
Que el de ser feliz con ser
Su esposo. Y esto supuesto,
Sabed que Leonor anoche
Supo [aun fingir no acierto]
Que estaba mala mi hermana
A quien con cariño tierno
Estima, y vino á mi casa
A verla sola, creyendo
Que vos tardariais mas
Con la diversion del juego;
Hízole algo tarde, y como
Temió que hubieseis ya vuelto,
Como sin licencia vino,
Despachamos á saberlo
Un criado de los mios,
Y aqueste volviò diciendo
Que ya estabais vos en casa,
Y que habiais echando ménos
A Leonor, por cuya causa
Haciendo justos estremos
La buscabais ofendido;
Ella temerosa, oyendo
Aquesto, volver no quiso.
Este es en suma el suceso,
Que ni yo saqué á Leonor,
Ni pudiera, pretendiendo
Para esposa su beldad,
Proceder tan desatento
Que para mirarme en él
Manchara ántes el espejo.
Y para que no juzgueis
Que esta es escusa que invento
Por no venir á casarme,
Mi fe ó palabra os empeño
De ser su esposo al instante,
Como Leonor venga en ello;
Y en esto conocereis
Que no tengo impedimento
Para llegar á ser suyo,
Mas de que no la merezco.
D. Cár.—¿No escuchas esto, Castaño?
La vida y el juicio pierdo!
Cast.—La vida es la novedad,
Que lo del juicio no es nuevo.
D. Rod.—Don Pedro, á lo que habeis dicho
Hacer réplica no quiero,
Sobre si pudo ó no ser
Como decis el suceso;
Pero siéndole ya á todos
Notorios vuestros festejos,
Sabiendo que Leonor falta
Y no la busco, y sabiendo
La he hallado en vuestra casa,
Nunca queda satisfecho
Mi honor, si vos os no casais;
Y en lo que me habeis propuesto
De si Leonor querrá ó no,
Eso no es impedimento,
Pues ella tener no puede
Mas gusto que mi precepto:
Y así llamadla y vereis
Cuan presto lo gusta.
D. Ped.—Temo,
Señor, que Leonor se asuste,
Y así os suplico deis tiempo
De que ántes se lo proponga
Mi hermana, porque supuesto
Que yo estoy llano á casarme
Y que por dicha lo tengo,
¿Qué importa que se difiera
De aquí á mañana, que es tiempo
En que les puedo avisar
A mis amigos y deudos,
A que asistan á mis bodas,
Y tambien porque llevemos
A Leonor á vuestra casa,
Donde se haga el casamiento?
D. Rod.—Bien decis; pero sabed
Que ya quedamos en eso,
Y que es Leonor vuestra esposa.
D. Ped.—Dicha mia es el saberlo.