Cast.—¿Qué quieres? El tal sugeto
Es marido convenible
Y no repara en pucheros.
El vió volando esta garza
Y quiso matarla al vuelo;
Con que si él ya la cazó.
Ya para tí volaverunt.

D. Cár.—Yo estoy tan sin mí, Castaño,
Que aun á discurrir no acierto
Lo que hará en aqueste caso.

Cast.—Yo te daré un buen remedio
Para que quedes vengado:
Doña Ana es rica, y yo pienso
Que revienta por ser novia;
Enamórala, y con eso
Te vengas de cuatro y ocho,
Y dejas aqueste necio
Mucho peor que endiablado,
Encuñadado in æternum.

D. Cár.—Por cierto ¡gentil venganza!

Cast.—¿Mal te parece el consejo?
Tú no debes de saber
Lo que es un cuñado, un suegro,
Una madrastra, una tia,
Un escribano, un ventero,
Una mula de alquiler
Ni un albacea, que pienso
Que del infierno el mejor
Y mas bien cobrado censo
No llega ni á su zapato.

D. Cár.—¡Ay de mí infeliz! ¿qué puedo
Hacer en aqueste caso?
¡Ay Leonor! si yo te pierdo,
Pierdo la vida tambien.

Cast.—No pierdas ni aun un cabello:
Sino vamos á buscarla,
Que en el tribunal supremo
De su gusto quizá se
Revocará este decreto.

D. Cár.—¿Y si la fuerza su padre?

Cast.—¿Qué es forzarla? pues el viejo
¿Está ya para Tarquino?
Vamos á buscarla luego,
Que como ella diga nones,
No hará pares con don Pedro.

D. Cár.—Bien dices, Castaño; vamos.