Cast.—Vamos, y deja lamentos,
Que se alarga la jornada,
Si aquí mas nos detemos.
JORNADA TERCERA.
(Salen Celia y Leonor.)
Dª. Leo.—Celia, yo me he de matar
Si tú salir no me dejas
De esta casa ò de este encanto.
Cel.—Repórtate, Leonor bella,
Y mira por tu opinion.
Dª. Leo.—¿Qué opinion quieres que tenga,
Celia, quien de oir acaba
Unas tan infaustas nuevas,
Como que quiere mi padre,
Porque con engaño piensa
Que don Pedro me sacó,
Que yo ¡ay Dios! su esposa sea?
Y esto cae sobre haber
Antes díchome tú mesma
Que Cárlos (¡ah falso amante!)
A doña Ana galantea,
Y que con ella pretende
Casarse, que es quien pudiera,
Como mi esposo, librarme
Del rigor de esta violencia.
Con que estando en este estado
No les quedan á mis penas
Ni asilo que las socorra,
Ni amparo que las defienda.
Cel. [Ap]—Verdad es que se lo dije,
Y á don Cárlos con la mesma
Tramoya tengo confuso;
Porque mi ama me ordena
Que yo despeche á Leonor,
Para que á su hermano quiera,
Y ella se quede con Cárlos;
Y yo, viéndola resuelta,
Por la manda del vestido
Ando haciendo estas quimeras.
(A Leo).—Pues, señora, si conoces
Que ingrato Cárlos te deja
Y mi señor te idolatra,
Y que tu padre desea
Hacerte su esposa, y que
Está el caso de manera
Que si dejas de casarte,
Pierdes honra y conveniencia;
¿No es mejor pensarlo bien
Y resolverte discreta
A lograr aquesta boda,
Que es lástima que se pierda?
Y hallarás, si lo ejecutas,
Mas de tres mil congruencias;
Pues sueldas con esto solo
De tu crédito la quiebra,
Obedeces á tu padre,
Das gusto á tu parentela,
Premias á quien te idolatra
Y de Don Cárlos te vengas.
Dª. Leo.—¿Qué dices, Celia? Primero
Que yo de don Pedro sea,
Verás de su eterno alcázar
Fugitivas las estrellas;
Primero romperá el mar
La no violada obediencia
Que á sus desvocadas olas
Impone freno de arena;
Primero aquese fogoso
Corazon de las esferas,
Turbará el órden con que
El cuerpo del orbe alienta;
Primero trocado el órden
Que guarda naturaleza,
Congelará el fuego copos,
Brotará el yelo centellas;
Primero que yo de Cárlos,
Aunque ingrato me desprecia,
Deje, de ser, de mi vida
Seré verdugo yo mesma;
Primero que yo de amarle
Deje...
Cel.—Los primeros deja,
Y vamos á lo segundo,
Que pues estás tan resuelta,
No te quiero aconsejar,
Sino saber lo que intentas.