Para quien no hubiese tenido tantas ganas de hacer la lectura de dichas obras, habria sido repugnante hasta el aspecto de tres tomos forrados en pergamino, maltratados, de malísima impresion en su mayor parte y de ortografía viciada por demas, como lo general en los libros españoles de aquel tiempo;[B] mas nosotros emprendimos gustosos esa tarea, leyendo hoja por hoja, párrafo por párrafo, deteniéndonos en cada estrofa y cada línea, á fin de suplir los defectos tipográficos, errores de ortografía y á veces hasta cambios de palabras, independientes, no cabe duda, de la voluntad de la autora, y penetrando de esta suerte los pensamientos y bellezas poéticas, que no son escasas.

Al mismo tiempo que íbamos buscando y entresacando de esos tres tornos que encierran las obras completas de la monja, todo cuanto nos parecia digno de recomendacion para formar un conjunto de sus poesías selectas, íbamos tambien tomando datos acerca de su vida, bien de sus propios versos y prosa, bien de lo que de ella han dicho sus panegiristas, para añadirlos á las noticias que ya poseíamos y cumplir nuestro propósito de escribir su biografía junto con el juicio crítico de sus partos literarios.

El P. Diego Calleja, de la Compañía de Jesus, en la aprobacion del último tomo de los escritos de Sor Juana Ines, trae bastantes y curiosos rasgos de su vida; pero son mas interesantes los que la religiosa da de sí misma en una larga y recomendable carta que dirigió á Sor Filotea de la Cruz, monja trinitaria y, al parecer, mejicana tambien. Ademas, la dan á conocer perfectamente el propio carácter y especial movimiento y colorido de sus producciones. Esto lo penetró muy bien uno de los prologuistas de sus obras cuando dijo, hablando en general de los escritores, que “se trasuntan insensiblemente al papel las facciones del alma.” El pensamiento de Buffon, “el estilo es el hombre,” no fué, pues, tan original que digamos.

Condicion precisa de todo letrado ingenio es trasmitir poca ó mucha parte de su ser interior á sus obras: ellas son el espejo de las pasiones y vida de sus autores. Esto es muy natural, porque es rarísimo el talento de escribir lo que no se siente, sacando del tintero y no del alma cuanto se va espresando con la pluma. Si esto sucede generalmente, los poetas en especial no pueden contradecirse á sí mismos; y si lo hacen, á fe que no dan á sus producciones aquel sentido, aquella vitalidad ó espíritu que se comprende y no se esplica, y que forma la esencia de la poesía. La estética de los hijos del Parnaso es innata; por eso cada uno de sus versos, cada uno de sus pensamientos es hijo legìtimo de su númen, pedazo de su propia naturaleza arrancado por la fuerza de la inspiracion.

¿Percibis en el jardin, á la hora en que la noche comienza á descolgar su velo sobre el mundo, un olor suavísimo y delicioso? Es la fragancia del jazmin sacudido por el céfiro. Así es la poesía del alma sacudida por el estro. La fragancia os da á conocer la flor: la poesía os da á conocer al poeta.

Hemos visto algunas biografías de la ilustre monja; mas, no obstante, juzgamos que en la actualidad no se la conoce ni de nombre cual merece serlo. Sus obras están olvidadas; ¿se piensa que apénas son buenas para consultadas por los eruditos? ¡Ah, qué error! tamaño error que ha hecho que los Parnasos y Colecciones carezcan de ellas. Hasta el célebre Quintana ha desterrado de la suya las poesías de Sor Ines. ¿Es posible que no haya hallado entre estas joyas ni una sola digna de seleccion? No puede ser: entre las que forman su Tesoro del Parnaso hay algunas inferiores á varias de las de la musa mejicana, y debemos atribuir la omision mas bien á falta de conocimiento de estas que á falta de buen gusto ó á injusticia.

Nosotros queremos, pues, sacudir el polvo que cubre las producciones de que venimos hablando, escojer las mas bellas y darlas nuevamente á luz para deleite de los amantes de la verdadera poesía. No alcanzamos la razon que algunos tengan para aprovechar de las obras que ostentan mérito actual, por corto que á veces sea, y ver con desprecio las que fueron escritas en otros tiempos y cuyas bellezas, por muy acompañadas que estén de errores y faltas, no dejan de ser bellezas de primer órden, agradables y dignas de encomio. ¿No seria necedad olvidar el oro de Góngora á causa de su escoria? Y eso que nadie ignora cuánto mal hizo á la literatura castellana el autor de las Soledades.

IV

A pocas leguas de la ciudad de Méjico, en un pintoresco lugar dominado por dos montes, hallábase la alquería de San Miguel de Nepanthla, propiedad de don Pedro Manuel de Asbaje y doña Isabel Ramírez de Cantillana. Hija legítima de estos honrados colonos y en aquel retiro naciò Juana Ines el 12 de noviembre de 1651. Uno de sus biógrafos hace notar la circunstancia de haberse verificado el nacimiento en una habitacion llamada celda, para que en una celda tambien viviese y muriese cuarenta y tres años y medio mas tarde el célebre personaje que nos ocupa.

Tres años de edad contaba la niña cuando, gracias á su precoz inteligencia, comenzó el aprendizaje de las primeras letras. Apénas cumplido un lustro, sabia leer, escribir, contar y otras menudencias que suelen aprender las niñas en mas adelantados años. A esta sazon despuntó asimismo su amor á la poesía, pues gustaba de aprender y recitar versos españoles, y con tan asombrosa facilidad la practicaba, que su nombre adquiria creciente fama, y ya no era difícil prever cuan tamaña seria en lo futuro.