La naturaleza señala al parecer el camino que ha de llevar cada criatura en el mundo. A veces esta determinacion irrevocable permanece oculta largos años, y asoma al declinar las primeras fuerzas de la vida: testigos, entre otros, Richardson y Rousseau. Otras veces como que viene cierto poder misterioso á romper el egoismo de la naturaleza, y á manifestar el genio que yacia escondido: testigos Corregio y Ana Cowley. “Yo tambien soy pintor,” esclamó entusiasmado el primero, y fué, en efecto, gran pintor. “Yo tambien soy autora,” dijo con igual inspiracion y fuego la segunda, y fué, como se sabe, célebre dramaturga. Otras veces, en fin, madura el ingenio con demasiada prontitud, y los niños piensan y obran como los viejos que han visto agostarse sus dias entre el polvo de las bibliotecas y las pesadas horas de una constante vigilia. Pero en este caso acontece por lo general que se pierde el equilibrio entre las fuerzas del cuerpo y las del espíritu; este triunfa desde luego, mas el otro se desbarata y cae en la tumba. Cuanto mas grande y viva es la llama, tanto mas presto se consume la cera del hacha.
Juana Ines fué uno de estos seres excepcionales, niños en edad y viejos en inteligencia. No habia rayado todavía en su octavo año, cuando llevada por la noble codicia de un libro ofrecido en premio, escribió una loa al Santísimo Sacramento, que llamó la atencion de los entendidos. Se cuenta que doña Gertrúdis Gómez de Avellaneda, gran honra de las letras americanas, escribió tambien en la misma edad de la poetisa mejicana un cuento intitulado “El gigante de cien cabezas.” ¡Cómo ha solido fecundar siempre el sol del Nuevo Mundo las inteligencias femeninas!
Juana Ines, en su vehemente anhelo de saber, temia que algunos manjares influyesen en aminorar su talento y memoria, y se abstenia de ellos. Otras veces se cortaba el cabello en cierta medida, imponiéndose la obligacion de aprender tal ó cual materia durante su crecimiento, y de cortarle nuevamente en via de castigo si salia fallido su propósito; porque “no me parecia razon, dice ella misma, que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era mas apetecible adorno.” En mas de una ocasion rogó con instancia á sus padres que la enviasen, disfrazada en traje de varon, á cursar las ciencias en la Universidad de Méjico; pero como no consiguiese este imposible, se desquitaba leyendo “muchos y varios libros” que poseía su abuelo, “sin que bastasen castigos ni reprehensiones á estorbarlo.”
Al fin, conducida á Méjico á los ocho años, pudo hallar mas vastos elementos de instruccion en nuevos libros, y proteccion y estímulo poderoso; si bien parece que en el seno de su familia halló contradicciones que vencer. Acabamos de ver que ella misma habla de “castigos y reprehensiones,” y en otros pasajes de sus obras pudieran hallarse nuevos testimonios sobre este punto; mas nos contentaremos con citar las siguientes cuartetas de un romance en que habla de la facilidad que tenia para versificar:
“Y mas cuando en esto corre
El discurso tan á priesa,
Que no se tarda la pluma
Mas que pudiera la lengua.
Si es malo, yo no lo sé:
Sé que nací tan poeta,
Que, azotada como Ovidio,
Suenan en metro mis quejas;”
y tambien este trozo de un escrito en prosa: “Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio á todos, y lo otro porque, aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor á la verdad) que desde que me rayó la primera luz de la razon, fué tan vehemente y poderosa la inclinacion á las letras, que ni agenas reprehensiones, que he tenido muchas, ni propias reflexas, que he hecho no pocas, han bastado á que deje este natural impulso que Dios puso en mí.”
Por la misma época en que compuso su primera loa, empezó á estudiar latinidad bajo la direccion de un respetable sacerdote, su tio. Unas pocas lecciones fueron suficientes para ponerla en camino; pues, careciendo luego de maestro, su talento y aplicacion suplieron la falta, y con admirable prontitud la lengua del Lacio le vino á ser familiar.
Careció asimismo de preceptores para las demas artes y ciencias que llegó á poseer; pues algunas veces, cuando ha nacido el alma con cierta superior disposicion para cosas grandes, sus facultades se desenvuelven en la soledad y el silencio, padres de la meditacion, y las páginas de un libro son mas provechosas que las palabras de un pedagogo. Y no faltan, por otra parte, ejemplares de haberse maleado la generosa naturaleza con una enseñanza errada. Raros son los maestros que conocen la índole intelectual de sus discípulos y la guian sin extraviarla.
Los marqueses de Mancera, vireyes de Méjico á la sazon, añadieron al timbre de su ilustre cuna y alta suposicion el no ménos distinguido de constituirse Mesénas de Juana Ines. La proteccion que la prestaron fué abierta y sin límites; lleváronla á vivir consigo en palacio, y la vireina cobró tal cariño á la niña, que no podia pasarse sin verla. La regalada vida no fué, sinembargo, como suele suceder especialmente en la infancia, un estorbo para los estudios y la concentracion de aquel númen, cuya condicion le arrebataba irresistible á las regiones de la inteligencia y del espiritualismo. Por el contrario, dado á sus anchas á su ocupacion favorita, aumentaba todos los dias su caudal de saber, y derramaba poesía con profusion en torno suyo.
Habia cumplido los diez y siete años de edad, con la satisfaccion de no haber perdido nunca su tiempo en frivolidades, ni de haberse pagado de su propia belleza y gracias exteriores con menoscabo de las prendas del alma. El tiempo es dinero, dice una moderna máxima inventada por la codicia; pero las almas nobles parece que siempre han dicho: el tiempo es sabiduría.