XI
Preludios del dolor de una ausencia.
Ya que para despedirme,
Dulce idolatrado dueño,
Ni me da licencia el llanto,
Ni me da lugar el tiempo,
Háblente los tristes rasgos,
Entre lastimosos ecos,
De mi triste pluma, nunca
Con mas justa causa negros.
Y aun esta te hablará torpe
Con las lágrimas que vierto,
Porque va borrando el agua
Lo que va dictando el fuego.
Hablar me impiden los ojos,
Y es que se anticipan ellos,
Viendo lo que he de decirte,
A decírtelo primero.
Oye la elocuencia muda
Que hay en mi dolor, sirviendo
Los suspiros de palabras,
Las lágrimas de conceptos;
Mira la fiera borrasca
Que pasa en el mar del pecho,
Donde zozobran turbados
Mis confusos pensamientos;
Mira cómo ya el vivir
Me sirve de afan grosero,
Que se averguenza la vida
De durarme tanto tiempo;