De donde se ocasionaron
Los traspieses que dió Ovidio,
Los tropezones de Homero,
Los vaguidos de Virgilio,
Y de todos los demas
Que, fúnebres ó festivos,
Conforme los tomó el Númen,
Se han mostrado en sus escritos,
Entre cuyos jarros yo
Busqué, por modo de vicio,
Si les sobraba algun trago
Del sabroso bebedizo;
Y, si no me engaño, hallé
En el asiento de un vidrio,
De una mal hecha infusion
Los polvos mal desleidos.
No sé sobras de quien fueron;
Pero, segun imagino,
Fueron de un bribon aguado,
Pues hace efectos tan frios.
Versifico desde entónces,
Y desde entónces poetizo,
Ya en Demòcritas risadas,
Ya en Eráclitos gemidos.
Consulté á las nueve hermanas,
Que con sus flautas y pitos
Andan de una en otra edad
Alborotando los siglos;
Híceles mi invocacion,
Tal cual fué Apolo servido,
Con necesitadas plagas
Y con clamores mendigos.
Y ellas con piedad, de verme
Tan hambrienta de ejercicios,
Tan sedienta de conceptos,
Y tan desnuda de estilos,
Ejercitaron las obras
(Que nos manda el catecismo)
De misericordia, viendo
Que tanto las necesito.