Dióme la madama Euterpe
Un retazo de Virgilio,
Que cercenó desvelado,
Porque lo escribió dormido;

Talía me dió unas nesgas
Que sobraron de un corpiño
De una tabernaria Escena
Cuando la ajustó el vestido;

Melpómene una bayeta
De una elegía que hizo
Séneca, y que á Héctor sirvió
De funesto frontispicio;

Urania, musa estrellera,
Un astrolabio en que vido
Las maulas de los planetas
Y las tretas de los signos;

Y así todas las demas,
Que con pecho compasivo
Vestir al soldado pobre
Quisieron jugar conmigo.

Ya os he dicho lo que soy,
Ya he contado lo que he sido;
No hay mas que lo dicho, si
En algo vale mi dicho.

Con que se sigue que no
Puedo ser objeto digno
De los tan mal empleados
Versos, cuanto bien escritos.

Y esto no es humildad, porque
No es mi genio tan bendito
Que no tenga mas filaucia
Que cuatrocientos Narcisos.

Mas no es tan desbaratado,
Aunque es tan desvanecido,
Que presuma que merece
Lo que nadie ha merecido.

De vuestra alabanza objeto
No encuentro, en cuantos he visto,
Quien pueda serlo, si ya
No se celebrare él mismo.