Oscurécese el discurso
En tan confusas tinieblas;
Pues ¿quién podrá darme luz,
Si está la razon á ciegas?

De mí mesma soy verdugo
Y soy cárcel de mí mesma:
¿Quién vió que pena y penante
Una propia cosa sean?

Causo disgusto á lo mismo
Que mas agradar quisiera,
Y del disgusto que doy
En mí resulta la pena.

Amo á Dios y siento en Dios,
Y hace mi voluntad mesma
De lo que es alivio, cruz,
Del mismo puerto, tormenta.

Padezca, pues Dios lo manda;
Mas de tal manera sea,
Que si son las penas culpas,
No sean culpas las penas.

XXV.

Elogio de María en el misterio de la Encarnacion.

Que hoy bajó Dios á la tierra,
Es cierto: pero mas cierto
Es que bajando á María
Bajó Dios á mejor cielo.