Por obediencia del Padre
Se vistió de carne el Verbo;
Mas tal que le pudo hacer
Comodidad el precepto.
Conveniencia fué de todos
Este divino misterio,
Pues el hombre de fortuna
Mejoró, y Dios de asiento.
Su sangre le dió María
A logro, porque á su tiempo
La que recibe encarnando
Restituya redimiendo.
Un arcángel á pedir
Bajó su consentimiento,
Guardándole en ser rogada
De reina los privilegios.
¡Oh grandeza de María!
Que cuando usa el Padre Eterno
De dominio con su Hijo,
Use con ella de ruego!
XXVI.
Ave Regina cælorum.
¡Salve, Reina de los cielos,
Y de los ángeles reina!
¡Salve de Jesé raiz
Y de la luz clara puerta!
Gózate, Vírgen gloriosa,
Sobre todas las mas bella;
Vive la mas exaltada,
Y por nos á Cristo ruega.