Teseo

Pero si el derecho de los suplicantes os pone en tal necesidad, tened en cuenta los respetos que yo me vería obligado a tener para el dios.

Antígona

Padre mío, por joven que sea vuestra hija, dignaos atender a sus consejos; dejad al príncipe satisfacer los deseos de su corazón y las voluntades del dios. Concedednos la gracia de dejar venir aquí a mi hermano. Tranquilizaos; cuanto pueda deciros contrario a vuestros propósitos no violentará vuestra voluntad. ¿Qué peligro hay para vos en escucharle? Se pueden juzgar las intenciones por las palabras. Vos, padre mío, le habéis dado el ser, y aunque os hubiera inferido los más crueles e impíos ultrajes, no estaría bien que pretendieseis devolvérselos. Dignaos recibirle. Otros padres han tenido hijos indignos y vivos resentimientos; pero la voz de la amistad tenía sobre ellos un poderoso influjo que subyugaba su ira. No recordéis vuestros males presentes, sino los que habéis sufrido por culpa de vuestro padre y vuestra madre; si los consideráis, estoy segura de que veréis al punto el resultado funesto de una cólera cruel. Privado de la luz del día, vuestros recuerdos son dolorosos; ceded a nuestras súplicas. Es vergonzoso resistir a los que sólo piden justicia, y cuando recibís de ellos trato tan dulce, haríais mal en no saber corresponder a él.

Edipo

Hija mía, vos y Teseo me habéis vencido exigiendo de mí esta complacencia que me pesa. Haced lo que os plazca; pero, príncipe, sólo os pido que no permitáis, si viene aquí, que nadie pueda hacerse dueño de mi destino.

Teseo

Anciano, lo que me habéis pedido una vez, no es preciso que me lo pidáis nuevamente. Evito toda vana ostentación, pero si algún dios vela por mi conservación, me atrevo a responder de la vuestra.

ESCENA III

Los precedentes, excepto TESEO