ESCENA PRIMERA
Un MENSAJERO, el Coro
El Mensajero
Conciudadanos de Cadmo, habitantes de los muros de Amphyon, no hay para los mortales ningún estado en la vida que yo quisiera envidiar o lamentar; la fortuna, sucesivamente, derriba al hombre feliz y levanta al infortunado. Estos acontecimientos están por cima de la ciencia de los adivinos. ¡Cuán digno de envidia se me figuraba Creón! Había salvado la tierra de Cadmo; había heredado el gobierno supremo de toda la comarca; gozaba de su poder y de la gloria de tener hijos generosos. Ahora todo ha desaparecido, pues cuando la alegría abandona a los mortales, su vida no es ya nada a mis ojos, sólo son ya cadáveres animados. Creón, si queréis, posee en su palacio inmensas riquezas, puede vivir revestido de todo el fausto de su rango; pero si, en medio de todos esos bienes, la felicidad se le escapa, yo no daría una sombra de humo por tantas ventajas sin gusto.
El Coro
¿Qué desgracia ocurrida a nuestros amos venís a anunciarnos?
El Mensajero
Han muerto, y los que aún viven han causado su pérdida.
El Coro
¿Quién ha herido? ¿Quién ha muerto? Explicaos.