Entonces Nicias, viendo a los del ejército desmayados, como quien bien lo entendía, les alentaba y consolaba con estas razones:

«Varones atenienses, y vosotros nuestros aliados y compañeros de guerra, conviene tener buen ánimo y esperanza en el estado que nos vemos, considerando que otros muchos se han salvado y escapado de mayores males y peligros.

»No hay por qué quejarse demasiado de vosotros mismos ni por la adversidad y desventura pasadas, ni por la vergüenza y afrenta que, sin merecerlo, habéis padecido, pues si miráis a mí, no me veréis mejor librado que cualquiera de vosotros, ni en las fuerzas del cuerpo, por estar como me veis flaco y enfermo de mi dolencia, ni en bienes y recursos, pues hasta aquí estaba muy bien provisto de todas las cosas necesarias para la vida, y al presente me veo tan falto de medios como el más insignificante de todo el ejército.

»Y verdaderamente yo he hecho todos los sacrificios legítimos y debidos a los dioses y usado de toda justicia y bondad con los hombres, que solo esto me da esfuerzo y osadía para tener buena esperanza en las cosas venideras.

»Pero os veo muy turbados y miedosos, más de lo que conviene a la dignidad de vuestras honras y personas, por las desventuras y males presentes, los cuales acaso se podrán aliviar y disminuir en adelante, porque nuestros enemigos han gozado de muchas venturas y prosperidades, y si por odio o ira de algún dios vinimos aquí a hacer la guerra, ya hemos sufrido pena bastante para aplacarle.

»Hemos visto antes de ahora algunas gentes que iban a hacer guerra a los otros en su tierra, y cumpliendo enteramente su deber, según la manera y costumbre de los hombres, no por eso han dejado de sufrir y padecer males intolerables. Por esto es de creer que de aquí en adelante los mismos dioses nos serán más benignos y favorables, pues a la verdad, somos más dignos y merecedores de alcanzar de ellos misericordia y piedad que no odio y venganza.

»Así, pues, en adelante, parad mientes en vuestras fuerzas, en como vais armados, cuán gran número sois y cuán bien puestos en orden, y no tengáis miedo ni temor, pues donde quiera que llegarais sois bastantes para llenar una ciudad tal y tan buena, que ninguna otra de Sicilia dejará de recibiros fácilmente por fuerza o de grado, y una vez recibidos, no os podrán lanzar fácilmente.

»Guardad y procurad hacer vuestro camino seguro con el mejor orden que pudiereis y a toda diligencia, sin pensar en otra cosa sino en que en cualquier parte o lugar donde fuereis obligados a pelear, si alcanzarais la victoria, allí será vuestra patria y ciudad y vuestros muros.

»Nos será forzoso caminar de noche y de día sin parar, por la falta que tenemos de provisiones, y cuando lleguemos a algún lugar de Sicilia de los que tenían nuestro partido, estaremos seguros, porque estos, por temor a los siracusanos, necesariamente habrán de permanecer en nuestra amistad y alianza, cuanto más que ya les hemos enviado mensaje para que nos salgan delante con vituallas y provisiones.

»Finalmente, tened entendido, amigos y compañeros, que os es necesario mostraros buenos y esforzados, porque de otra manera no hallaréis lugar ninguno en toda esta tierra donde os podáis salvar siendo viles y cobardes. Y si esta vez os podéis escapar de los enemigos, los que de vosotros no son atenienses, volveréis muy pronto a ver las cosas que vosotros tanto deseabais, y los que sois atenienses de nación, levantaréis la honra y dignidad de vuestra ciudad por muy caída que esté, porque los hombres son la ciudad y no los muros, ni menos las naves sin hombres.»