«Que las ciudades, tierras, reinos y señoríos que los atenienses tenían se tomasen para el rey y para los lacedemonios juntamente, cuidando que ninguna cosa de ellas quedara en provecho de los atenienses.

»Que el rey y los lacedemonios con sus aliados hiciesen la guerra comúnmente contra los atenienses, y que el uno no pudiese hacer la paz con ellos sin el otro.

»Y que si algunos de los súbditos del rey se rebelasen, los lacedemonios y sus aliados los tuviesen por enemigos, y de igual modo si los súbditos de los lacedemonios o sus aliados se rebelasen y amotinasen, los tuviese el rey por enemigos.»

Y esta fue la forma de la alianza entre ellos.

IV.

Los de Quíos, después de rebelarse contra los atenienses, hacen rebelar a Mitilene y a toda la isla de Lesbos. — Recóbranla los atenienses y también otras ciudades rebeladas. — Vencen a los de Quíos en tres batallas, y roban y talan toda su tierra.

Los de Quíos armaron otros diez navíos, con los cuales se pusieron en camino para ir a la ciudad de Anea, así para saber lo que había hecho la ciudad de Mileto como para inducir a las otras ciudades que eran del partido de los atenienses a que lo dejasen. Pero siendo advertidos por Calcideo de que Amorges iba contra su ciudad con gran ejército por tierra, regresaron hasta el templo de Júpiter, desde el cual vieron ir diez y seis trirremes atenienses que Diomedonte llevaba; quien había sido enviado de Atenas después que Trasicles, y conociendo que eran buques atenienses, una parte de los quiotas se fueron a Éfeso y los otros a Teos.

De estos diez buques los atenienses tomaron cuatro, pero después de que los que estaban dentro hubieran saltado a tierra, los otros se salvaron en el puerto de Teos.

Los atenienses fueron a Samos, mas no por eso los de Quíos, habiendo reunido los otros barcos que escaparon, y también cierto número de gente de a pie, dejaron de inducir a la ciudad de Lébedos a que dejase el partido de los atenienses, y después a la de Heras. Hecho esto se retiraron con sus naves y gente de a pie a sus casas.

Los diez y seis trirremes de los peloponesios que estaban cercados por otros tantos atenienses en Espireo, salieron súbitamente sobre estos y los desbarataron y vencieron, de tal manera, que capturaron cuatro de ellos.