Después se fueron al puerto de Céncreas, a donde proveyeron sus barcos para desde allí ir a Quíos y a Jonia, a las órdenes de Astíoco, que los lacedemonios les enviaron, al cual habían dado el mando de toda la armada.

Cuando la gente de a pie que estaban en Teos partió, llegó Tisafernes, y haciendo derribar lo que quedaba de los muros de los atenienses, se fue.

Poco después llegó allí Diomedonte con veinte trirremes atenienses, e hizo tanto con los de la ciudad que se avinieron a recibirle, mas ningún día se detuvo allí, yendo a Heras con propósito de tomarla por fuerza, lo que no pudo hacer, y por esto se volvió.

Entretanto el pueblo y la comunidad de Samos se puso en armas contra los principales, teniendo consigo en ayuda a los atenienses que habían ido a tomar puerto con tres barcos: mataron doscientos de los más principales, y a otros doscientos los desterraron, confiscando los bienes, así de los muertos como de los desterrados, los cuales repartieron entre sí. Con consentimiento de los atenienses, después que les prometieron perseverar en su amistad, se pusieron en libertad, y ellos mismos se gobernaban sin dar a los desterrados, cuyos bienes tenían, cosa alguna para su alimento, antes y expresamente prohibieron que ninguno pudiese tomar ninguna tierra ni casa de ellos en arrendamiento, ni tampoco dársela.

Mientras esto pasaba, los de Quíos, que habían determinado declararse contra los atenienses, por cuantos medios podían, no cesaban con todas sus fuerzas, sin ayuda de los peloponesios, de solicitar y tener negociaciones con las otras ciudades del partido de los atenienses para apartarlas de él. Lo cual hacían por muchas causas, y la principal para atraer más gente a participar del mismo peligro en que ellos estaban. Con este propósito armaron trece naves, con las cuales fueron contra Lesbos, siguiendo la orden que los lacedemonios habían dado, conforme a la cual se había dicho que la segunda navegación y guerra naval se haría en Lesbos, y la tercera en el Helesponto; pero la gente de a pie que allí había ido, así peloponesios como otros a ellos cercanos, fueron a Clazómenas y a Cime, capitaneándola el espartano Evalas. Diníadas tenía el mando de los buques. Y con esta armada fueron los de Quíos primeramente a Metimna y la hicieron rebelar. Y dejando allí cuatro buques se dirigieron a Mitilene con los otros que les quedaban, consiguiendo también que se rebelara.

Astíoco, jefe de la flota de los lacedemonios, partió a Céncreas con tres buques, vino a Quíos y estuvo allí tres días, donde supo que habían arribado a Lesbos León y Diomedonte con veinticinco barcos atenienses.

Sabido de cierto, partió aquel mismo día por la tarde con un solo barco de Quíos para ir hacia aquella parte, y ver si podría dar algún socorro a los mitilenios, y aquella noche fue a Pirra, y al día siguiente a Éreso, donde supo que los atenienses en el primer combate habían tomado la ciudad de Mitilene de esta manera:

De pronto, y antes de que pudieran apercibirse, llegaron al puerto, donde capturaron los barcos de los de Quíos que allí hallaron. Seguidamente saltaron a tierra, batiendo a los de la villa que acudieron en su defensa, y tomándola por fuerza.

Sabida, pues, esta nueva por Astíoco, desistió de ir a Mitilene, y con los barcos de los eresios y tres de los de Quíos, de los que habían sido capturados por los atenienses en Metimna con Eubulo, su capitán, y después en la toma de Mitilene lograron escaparse, partió a Éreso. Después que hubo puesto buena guarnición en ella, envió por tierra a Antisa la gente de guerra que había dentro de sus barcos, al mando de Eteónico, y él, con sus naves y tres de las de Quíos, se dirigió por el mismo rumbo con esperanza de que los mitilenios, viendo su armada, cobrarían ánimo para perseverar en su rebelión contra los atenienses. Pero viendo que todos sus propósitos resultaban al revés en la isla de Lesbos, volvió a embarcar la gente que había echado a tierra, y regresó a Quíos, donde repartió la gente que tenía así de la mar como de tierra, alojándolos en las villas y lugares hasta que fueran al Helesponto.

Poco después llegaron allí seis barcos de los aliados de los peloponesios, de los que estaban en Céncreas.