Gran división entre los atenienses, lo mismo en Atenas que fuera de ella, y en la armada que estaba en Samos, por el cambio de gobierno de su república, que les causó gran daño y pérdida.
Las cuestiones entre los atenienses empezaron entonces por el cambio de gobierno en la ciudad que privó del mando al pueblo, dándolo a cierto número de hombres buenos.
Cuando Pisandro y sus compañeros volvieron a Samos, pusieron el ejército que allí estaba a sus órdenes, y muchos de los samios amonestaban a los más principales de la villa para que tomasen la gobernación de ella en su nombre, pero muchos otros querían mantener el estado y mando popular, por lo cual sobrevinieron grandes divisiones y escándalos entre ellos.
También los atenienses que estaban en el ejército, habiendo consultado el negocio entre ellos, y viendo que Alcibíades no tomaba la cosa a pecho, determinaron dejarle y que no le volvieran a llamar, porque les parecía que cuando fuera a la ciudad no sería suficiente, ni bastante para tratar los negocios bajo el régimen de la aristocracia, que es gobernación de pocos buenos, antes era cosa conveniente que los que estaban allí, puesto que de su estado se trataba, dijeran la manera cómo se había de guiar este negocio, especialmente cómo se proveería sobre el hecho de la guerra.
Para esto cada cual, liberalmente, se ofrecía a contribuir con su propio dinero y con otras cosas necesarias, conociendo que ya no trabajaban por el común provecho sino por el interés particular.
Por esta causa enviaron a Pisandro, y la mitad de los embajadores que habían negociado con Tisafernes, a Atenas, para ordenar allí en los negocios, y les dieron comisión de que por todas las ciudades por donde pasasen de las que obedecían a los atenienses, pusiesen el gobierno de la aristocracia, que es el de poco número de los mejores y principales.
La otra mitad de los embajadores se esparció, y fueron cada uno a diversos lugares para hacer lo mismo.
Ordenaron a Diítrefes, que estaba entonces en el cerco de Quíos, fuese a la provincia de Tracia, que le había sido dada para ser gobernador de ella.
Partió este del cerco, y al pasar por Tasos quitó la democracia; es decir, el régimen popular, y entregó la gobernación a pocos hombres buenos; pero cuando se ausentó de la ciudad, la mayor parte de los tasios, habiendo cercado su villa de muros, poco más de un mes después de la partida de Diítrefes, se persuadieron unos a otros, diciendo que no tenían necesidad de gobernarse por el mando de los que los atenienses les habían enviado, ni de vivir sometidos a lo que estos ordenaran, antes esperaban que dentro de muy poco tiempo volverían a su prístina libertad con el favor de los lacedemonios, porque los ciudadanos que habían sido desterrados de su ciudad, se refugiaron en Lacedemonia, y procuraban con todo su poder que enviasen los lacedemonios sus barcos de guerra y que la villa se rebelase.
Sucedioles de la misma manera que lo tenían previsto y deseado: la ciudad sin daño alguno fue puesta en su libertad, y la gente popular que les había sido contraria, fue sin escándalo privada del gobierno.