Victoria de los peloponesios contra los atenienses cerca de Eretria. — El gobierno de los cuatrocientos queda suprimido y apaciguadas las discordias.
Estando en el día señalado el pueblo junto en el templo de Baco, antes que se propusiese alguna cosa, llegaron noticias de que habían partido cuarenta y dos naves de Mégara para ir a Salamina al mando de Agesándridas, lo cual pareció al pueblo ser en efecto lo que Terámenes, y los que le seguían habían dicho antes, que la armada de los enemigos vendría derecha a la muralla que se edificaba, y que por esta causa era conveniente derribarla.
Sospechaban que Agesándridas se detendría de intento alrededor de Epidauro y de los lugares circunvecinos, sabiendo la agitación en que estaban los atenienses a fin de poner en ejecución alguna buena empresa si veía oportunidad para ello.
Los atenienses al saber estas noticias corrieron al Pireo, temiendo la guerra delante de su puerto más que si estuviera en otra parte lejana. Por esta causa unos se lanzaron dentro de los barcos que estaban aparejados en el puerto, otros aparejaban los que no estaban a punto, y otros subían sobre los muros que estaban a la entrada del puerto para defenderle.
Pero los buques peloponesios habiendo pasado de Sunio, tomaron su camino entre Tórico y Prasias, y fueron a anclar en Oropo.
Los atenienses reclutaron inmediatamente los marineros que hallaron dispuestos, como se acostumbra hacer en una ciudad que está en guerras civiles, para impedir el gran peligro de los enemigos. Porque todo el socorro que ellos recibían entonces era de Eubea.
Estando el lado de la tierra ya ocupado por los enemigos, enviaron a Timócrates, con los buques que pudieron entonces armar, a Eretria.
Al llegar allí, teniendo en todo treinta y seis trirremes con los que estaban antes en Eubea, viose obligado a combatir. Porque Agesándridas, habiendo ya comido, partió de Oropo, y venía la vuelta de Eretria, que dista de Oropo sesenta estadios por mar.
Viendo, pues, los atenienses que llegaba la armada de los enemigos en orden de batalla contra ellos, enviaron inmediatamente sus naves, pensando que los soldados les seguirían en seguida, pero estos estaban esparcidos por toda la villa para hacer provisión de vituallas, porque los ciudadanos habían maliciosamente encontrado manera de que no llegasen provisiones para vender en la plaza, a fin de que los soldados, ocupados en buscar provisiones por la villa, no pudiesen embarcarse a tiempo, y los enemigos les cogieran descuidados. Además habían convenido con los enemigos hacerles señal cuando viesen la oportunidad de acometer los buques atenienses, lo cual hicieron. No obstante todo esto, los atenienses que estaban en los barcos dentro del puerto contuvieron un buen rato la fuerza de los enemigos, mas al fin les fue forzoso huir, siguiéndoles los enemigos hasta la orilla del mar, donde los que se refugiaron dentro de la villa, como en tierra de amigos, fueron por los ciudadanos malamente muertos, mas los que se retiraron a los lugares fuertes que los atenienses tenían, se salvaron, y lo mismo los de los barcos que pudieron ir hasta Calcis, mas los que no pudieron, que eran veinte y dos, fueron capturados con todos los que estaban dentro, marineros y tripulantes, siendo unos muertos y otros presos.
Por razón de esta victoria los peloponesios alzaron allí un trofeo, y muy poco tiempo después pusieron toda la isla de Eubea en su obediencia, excepto a Oreo que la poseían los atenienses, y ordenaron su dominación en todos los lugares comarcanos.