En este tiempo los melios salieron otra vez de la ciudad, fueron sobre el muro que los atenienses habían hecho en aquella parte, y lo tomaron, porque había poca gente de guarda.
Sabido esto por los atenienses, enviaron nuevo socorro al mando de Filócrates, hijo de Demeas, el cual tenía a punto sus ingenios y pertrechos para batir los muros de la ciudad, pero los sitiados, por causa de algunos motines y traiciones que había entre ellos, se entregaron a merced de los atenienses, los cuales mandaron matar a todos los jóvenes de catorce años arriba, y las mujeres y niños quedaron esclavos, llevándolos a Atenas. Dejaron en la ciudad guarnición, hasta que después enviaron quinientos moradores con sus familias para poblarla con gente suya.
FIN DEL LIBRO QUINTO.
LIBRO VI.
SUMARIO.
I. Trátase de la isla de Sicilia y de los pueblos que la habitaban, y de cómo los atenienses enviaron a ella su armada para conquistarla. — II. Hechos de guerra ocurridos durante aquel invierno en Grecia. La armada de los atenienses se apareja para el viaje a Sicilia. — III. Discurso de Nicias ante el Senado y pueblo de Atenas para disuadirles de la empresa contra Sicilia. — IV. Discurso de Alcibíades a los atenienses aconsejándoles la expedición a Sicilia. — V. Discurso de Nicias a los atenienses, que, de nuevo y por medios indirectos, procura impedir la empresa contra Sicilia. — VI. Los atenienses, por consejo y persuasión de Alcibíades, determinan la expedición a Sicilia. Dispuesta la armada, sale del puerto del Pireo. — VII. Diversas opiniones que había entre los siracusanos acerca de la armada de los atenienses. Discursos de Hermócrates y Atenágoras en el Senado de Siracusa, y determinación que fue tomada. — VIII. Discurso de Atenágoras a los siracusanos. — IX. Parte de Corcira la armada de los atenienses y es mal recibida así en Italia como en Sicilia. — X. Llamado Alcibíades a Atenas para responder a la acusación contra él dirigida, huye al Peloponeso. Incidentalmente se trata de por qué fue muerto en Atenas Hiparco, hermano del tirano Hipias. — XI. Después de la partida de Alcibíades los dos jefes de la armada que quedaron ejecutan algunos hechos de guerra en Sicilia, sitiando Siracusa y derrotando a los siracusanos. — XII. Arenga de Nicias a los atenienses para animarlos a la batalla. — XIII. Los siracusanos, después de nombrar nuevos jefes y ordenar bien sus asuntos, hacen una salida contra los de Catana. Los atenienses no pueden tomar Mesena. — XIV. Los atenienses por su parte y los siracusanos por la suya envían embajadores a los de Camarina para procurar su alianza. Respuesta de los camarineos. Aprestos belicosos de los atenienses contra los siracusanos en este invierno. — XV. Discurso de Eufemo, embajador de los atenienses, a los camarineos. — XVI. Los lacedemonios, por consejo y persuasión de los corintios y de Alcibíades, prestan socorro a los siracusanos contra los atenienses. — XVII. Los atenienses, preparadas las cosas necesarias para la guerra, sitian Siracusa. Victorias que alcanzan contra los siracusanos en el ataque de esta ciudad. Llega a Sicilia el socorro de los lacedemonios.
I.
Trátase de la isla de Sicilia y de los pueblos que la habitan, y de cómo los atenienses enviaron a ella su armada para conquistarla.
En este invierno[4] los atenienses determinaron enviar otra vez a Sicilia una armada mucho mayor que la que Laques y Eurimedonte condujeron antes con intención de sojuzgarla, no sabiendo la mayor parte de ellos la extensión de la isla y la multitud de pueblos que la habitaban, así griegos como bárbaros, y por tanto que emprendían una nueva guerra no menor que la de los peloponesios, porque aquella isla tiene de circuito tanto cuanto una nave gruesa puede navegar en ocho días, y aunque es tan grande, no está separada de la tierra firme más que unos veinte estadios[5].