Al llegar Gilipo al puerto de Tarento, dirigiose a la ciudad de Turios en nombre de los lacedemonios, y como embajador para procurar atraer a los habitantes a su devoción y alianza. Al efecto les recordaba los beneficios de su padre que en tiempos pasados había sido gobernador de su estado. Mas viendo que no querían acceder a su demanda regresó a la costa de Italia hacia arriba, y cuando llegó al golfo de Terina, le sorprendió un huracán de mediodía que reinaba mucho en aquel golfo, de manera que le fue forzoso volver al puerto de Tarento, donde reparó sus naves destrozadas por el huracán.
Entretanto avisaron a Nicias de la llegada de Gilipo, mas como supo las pocas naves que traía, no hizo gran caso de él, como no lo hicieron los de Turios, pareciéndoles que Gilipo venía antes como corsario para robar en la mar que para socorrer a los siracusanos.
En este mismo verano los lacedemonios con sus aliados comenzaron la guerra contra los argivos, y robaron y talaron gran parte de su tierra, hasta que los atenienses les enviaron treinta barcos de socorro, rompiendo así claramente el tratado de paz con los lacedemonios, lo cual no hicieron hasta entonces, porque las entradas y robos realizados antes de una parte y de otra eran más bien actos de latrocinio que de guerra, y hasta aquel momento no quisieron unirse con los argivos y mantineos contra los lacedemonios, aunque muchas veces los argivos lo solicitaran para entrar por tierra de lacedemonios y tomar parte en el botín regresando después sin peligro.
Pero entonces los atenienses después de nombrar tres capitanes para su ejército, que eran Pitodoro, Lespodias y Demárato, entraron como enemigos en tierra de Epidauro Limera, y tomaron y destruyeron Prasias y algunas villas pequeñas de aquella provincia, por lo cual los lacedemonios tuvieron después más justa causa para declararse sus enemigos.
Después de volver los atenienses de la costa de Argos y los lacedemonios con su ejército de tierra, los argivos entraron en tierra de Fliunte, y habiendo robado y talado mucha parte de ella y matado a muchos de los contrarios, regresaron a la suya.
FIN DEL LIBRO SEXTO.
LIBRO VII.
SUMARIO.
I. Entra Gilipo en Siracusa con el socorro de las otras ciudades de Sicilia partidarias de los siracusanos. Pierde una batalla y gana otra contra los atenienses. Los siracusanos y los corintios envían una embajada a Lacedemonia pidiendo nuevo socorro y Nicias escribe a los atenienses demandándoles refuerzos. — II. Lo que decía la carta de Nicias a los atenienses y lo que proveyeron estos en vista de ella. — III. Los peloponesios entran en tierra de Atenas y cercan la villa de Decelia. Socorros que envían a Sicilia, así los atenienses como los peloponesios. — IV. Siracusanos y atenienses libran una batalla por mar en el puerto, y por tierra, pretendiendo ambos haber alcanzado la victoria. Encuentros que tuvieron después durante el sitio. — V. Necesidades que sufría Atenas por la guerra. Algunos tracios que fueron a servir a los atenienses, y se volvieron por falta de paga, al regresar destruyen la ciudad de Micaleso, y después son casi todos dispersados. — VI. Lo que hicieron los capitanes atenienses Demóstenes y Eurimedonte en el camino cuando iban en socorro los sitiadores de Siracusa. Auxilio que reciben los sitiados. Batalla naval entre atenienses y peloponesios junto a Naupacto. — VII. Mientras Demóstenes y Eurimedonte están en camino para reforzar a los atenienses que sitian Siracusa, los siracusanos libran una batalla naval contra los atenienses. — VIII. Llegan Demóstenes y Eurimedonte al campamento de los atenienses. Atacan de noche los parapetos de los siracusanos junto a Epípolas y son rechazados con grandes pérdidas. — IX. Después de celebrar muchos consejos, deciden los atenienses levantar el sitio de Siracusa, y al fin no lo hacen por una superstición. — X. Logran los siracusanos nueva victoria naval contra los atenienses y procuran encerrarlos en el puerto donde estaban. — XI. Ciudades y pueblos que intervienen en la guerra de Sicilia, así de una parte como de otra. — XII. Los siracusanos y sus aliados vencen de nuevo en combate naval a los atenienses, de tal modo que no pueden estos salvarse por mar. — XIII. Después de la derrota parten los atenienses de su campamento para ir por tierra a las villas y lugares de Sicilia que seguían su partido. — XIV. Los siracusanos y sus aliados persiguen a los atenienses en su retirada y los vencen y derrotan completamente.