»Considerando que toda la tierra que nos rodea nos es enemiga, excepto aquella pequeña parte que está junto al puerto donde tenemos nuestra infantería, y teniendo en la memoria todas estas cosas, debéis combatir hasta más no poder sin dejaros lanzar a tierra, sino que cualquiera nave que aferrare con otra, no se aparte de ella sin que primeramente haya muerto o vencido a los enemigos. Y para este hecho os amonesto a todos, no solamente a los que son marineros, sino también a la gente de guerra, aunque esta obra sea más de gente de mar que de ejército de tierra, que esta vez os conviene vencer como en batalla campal, como otras veces habéis vencido.
»Cuanto a vosotros, marineros, os ruego y requiero que no desmayéis por la pérdida que hubisteis en la batalla pasada, viendo que al presente tenéis mejor aparejo de guerra en vuestras naves que teníais entonces, y mayor número de barcos, sino que vayáis osadamente al combate y procuréis conservar la honra antes ganada, y aquellos de entre vosotros que sois considerados como atenienses, porque usáis la lengua y porque tenéis la misma manera de vivir, aunque no lo seáis de nación, y por este medio habéis sido famosos y nombrados en toda Grecia, y participantes de nuestro imperio y señorío por vuestro interés, a saber, por tener obedientes a vuestros súbditos y estar en seguridad respecto de vuestros vecinos y comarcanos, no desamparéis esta vez a vuestros amigos y compañeros, con los cuales solamente tenéis participación y amistad verdadera, y menospreciando los que muchas veces habéis vencido, a saber, los corintios y sicilianos, pues ni unos ni otros tuvieron jamás ánimo ni osadía para resistirnos ni afrontar con nosotros, mientras nuestra armada estuvo en su fuerza y vigor, mostradles que vuestra osadía y práctica en las cosas de mar es mayor en vuestras personas, aunque estéis enfermos y desdichados, que no en las fuerzas y venturas de otros.
»No cesaré de recordar a los que de vosotros sois atenienses, que miréis y penséis bien que no habéis dejado en nuestros puertos otros buques tan buenos como los que aquí están, ni otra gente de guerra en tierra, sino algunos pocos soldados que hemos puesto en guarda del bagaje. Si no consiguiéramos la victoria, nuestros enemigos irán contra ellos y no serán estos poderosos para resistir a los que desembarquen de las naves de los enemigos, ni a los que vendrán por parte de tierra.
»Si esto acontece, vosotros quedaréis en poder de los siracusanos, contra los cuales sabéis muy bien la intención con que vinisteis, y los otros en poder de los lacedemonios.
»Habiendo llegado a tal extremo, os conviene escoger de dos cosas una: o vencer en la batalla o sufrir tamaña desventura; yo os ruego y amonesto, que si en tiempo pasado habéis mostrado vuestra virtud y osadía os esforcéis en mostrarla al presente en esta afrenta, y acordaos todos juntos, y cada cual por lo que a él toca, que en este solo trance se aventura toda nuestra armada, todos los barcos, toda la fuerza de gente, y en efecto, toda la ciudad, todo el señorío, y toda la honra y gloria de los atenienses. Para salvar todo esto, si hay alguno de vosotros que exceda y sobrepuje a otro en fuerzas, industria, experiencia u osadía, jamás tendrá ocasión de poderlo mejor mostrar que en esta jornada, ni para más necesidad suya y de nosotros.»
Habiendo acabado Nicias su arenga, mandó embarcar a todos los suyos en las naves, lo cual pudieron muy bien entender Gilipo y los siracusanos, porque los veían aprestarse para el combate, y también fueron avisados de las manos de hierro que metían en sus barcos, proveyendo remedios contra esto y contra los otros ingenios de los enemigos, y mandando cubrir las proas y las cubiertas de sus naves con cuero, a fin de que las manos y garabatos no pudiesen asir, sino que se colasen y deslizasen por encima del cuero.
Puestas en orden todas sus cosas, Gilipo y los otros capitanes arengaron a su gente de guerra con estas razones:
«Varones siracusanos, y vosotros nuestros amigos y confederados, a mi parecer todos o los más de vosotros debéis saber que si hasta ahora lo habéis hecho bien, de aquí en adelante lo habéis de hacer mucho mejor en la jornada que esperamos, pues con otro intento no hubierais emprendido tan animosamente esta empresa. Y si por ventura hay alguno de vosotros que no lo sepa, será menester que se lo declaremos.
»Primeramente, los atenienses vinieron a esta tierra con intención de sojuzgar a Sicilia, si podían, y después el Peloponeso, y por consiguiente, todo lo restante de Grecia, los cuales aunque tuviesen tan gran señorío como tienen, y fuesen los más poderosos de todos los otros griegos que hasta ahora han sido o serán en adelante, los habéis vencido muchas veces en el mar, donde eran señores hasta ahora.
»Jamás ningunos otros pudieron hacer esto, y es de creer que los venceréis en adelante, porque derrotados algunas veces en el mar, donde a su parecer pensaban exceder y sobrepujar a los otros, pierden gran parte de su orgullo, y en adelante sus pensamientos y esperanzas son mucho menores para consigo mismo que lo eran antes, cuando se consideraban invencibles sobre el agua. Y viéndose engañados en esta ambición, pierden el ánimo y aliento que antes tenían.