Los dos Loros y la Cotorra

(Los que corrompen su idioma no tienen otro desquite que llamar puristas a los que le hablan con propiedad, como si el serlo fuera tacha.)

De Santo Domingo trajo Dos Loros una señora. La isla en parte es francesa, Y otra parte española. Así, cada animalito5 Hablaba distinto idioma. Pusiéronlos al balcón, Y aquello era Babilonia. De francés y castellano Hicieron tal pepitoria,10 Que al cabo ya no sabían Hablar ni una lengua ni otra. El francés del español Tomó voces, aunque pocas; El español al francés15 Casi se las tomó todas. Manda el ama separarlos; Y el francés luego reforma Las palabras que aprendió De lengua que no es de moda.20 El español, al contrario, No olvida la jerigonza, Y aun discurre que con ella Ilustra su lengua propia. Llegó a pedir en francés25 Los garbanzos de la olla; Y desde el balcón de enfrente Una erudita Cotorra La carcajada soltó, Haciendo del Loro mofa.30 Él respondió solamente, Como por tacha afrentosa: Vos no sois que una PURISTA[1]; Y ella dijo: A mucha honra. ¡Vaya que los loros son35 Lo mismo que las personas!

FÁBULA VI

El Mono y el Titiritero

(Sin claridad no hay obra buena.)

El fidedigno padre Valdecebro, Que en discurrir historias de animales Se calentó el celebro, Pintándolos con pelos y señales; Que en estilo encumbrado y elocuente5 Del unicornio cuenta maravillas Y el ave fénix cree a pie juntillas (No tengo bien presente Si es en el libro octavo o en el nono), Refiere el caso de un famoso Mono.10 Éste, pues, que era diestro En mil habilidades, y servía A un gran titiritero, quiso un día, Mientras estaba ausente su maestro, Convidar diferentes animales15 De aquellos más amigos, A que fuesen testigos De todas sus monadas principales. Empezó por hacer la mortecina; Después bailó en la cuerda a la arlequina,20 Con el salto mortal y la campana, Luego el despeñadero, La espatarrada, vueltas de carnero, Y al fin el ejercicio a la prusiana. De éstas y de otras gracias hizo alarde,25 Mas lo mejor faltaba todavía; Pues imitando lo que su amo hacía, Ofrecerles pensó, porque la tarde Completa fuese y la función amena, De la linterna mágica una escena.30 Luego que la atención del auditorio Con un preparatorio Exordio concilió, según es uso, Detrás de aquella máquina se puso; Y durante el manejo35 De los vidrios pintados, Fáciles de mover a todos lados, Las diversas figuras Iba explicando con locuaz despejo. Estaba el cuarto a obscuras,40 Cual se requiere en casos semejantes, Y aunque los circunstantes Observaban atentos, Ninguno ver podía los portentos Que con tanta parola y grave tono45 Les anunciaba el ingenioso Mono. Todos se confundían, sospechando Que aquello era burlarse de la gente. Estaba el Mono ya corrido, cuando Entró maese Pedro de repente,50 E informado del lance, entre severo Y risueño le dijo: "¡Majadero! ¿De qué sirve tu charla sempiterna, Si tienes apagada la linterna?" Perdonadme, sutiles y altas Musas,55 Las que hacéis vanidad de ser confusas: ¿Os puedo yo decir con mejor modo Que sin la claridad os falta todo?

FÁBULA VII

La Campana y el Esquilón