Si querer entender de todo Es ridícula presunción, Servir sólo para una cosa Suele ser falta no menor. Sobre una mesa, cierto día,5 Dando estaba conversación A un Abanico y a un Manguito Un Paraguas o Quitasol; Y en la lengua que en otro tiempo Con la Olla el Caldero habló,[2]10 A sus dos compañeros dijo: "¡Oh qué buenas alhajas sois! Tú, Manguito, en invierno sirves; En verano vas a un rincón; Tú, Abanico, eres mueble inútil15 Cuando el frío sigue al calor. No sabéis salir de un oficio: Aprended de mí, pese a vos, Que en el invierno soy Paraguas, Y en el verano Quitasol."20

FÁBULA XV

La Rana y el Renacuajo

(¡Qué despreciable es la poesía de mucha hojarasca!)

En la orilla del Tajo Hablaba con la Rana el Renacuajo, Alabando las hojas, la espesura De un gran cañaveral, y su verdura. Mas luego que del viento5 El ímpetu lento Una caña abatió, que cayó al río, En tono de lección dijo la Rana: "Ven a verla, hijo mío; Por defuera muy tersa, muy lozana;10 Por dentro toda fofa, toda vana." Si la Rana entendiera poesía, También de muchos versos lo diría.

FÁBULA XVI

La Avutarda

(Muy ridículo papel hacen los plagiarios que escriben centones.)

De sus hijos la torpe Avutarda El pesado volar conocía, Deseando sacar una cría Más ligera, aunque fuese bastarda. A este fin muchos huevos robados,5 De alcotán, de jilguero y paloma, De perdiz y de tórtola, toma, Y en su nido los guarda mezclados. Largo tiempo se estuvo sobre ellos; Y aunque hueros salieron bastantes,10 Produjeron por fin los restantes Varias castas de pájaros bellos. La Avutarda mil aves convida Por lucirlo con cría tan nueva; Sus polluelos cada ave se lleva,15 Y hete aquí la Avutarda lucida. Los que andáis empollando obras de otros, Sacad, pues, a volar vuestra cría. Ya dirá cada autor: "Ésta es mía"; Y veremos qué os queda a vosotros.20