MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
(1547-1616)
Publicóse por primera vez la primera parte del Quijote, en 1605; la segunda parte, en 1615. Las Novelas ejemplares, en 1613.
Los variados encantos en que abunda su dicción, la vida lozana que ostenta, su avasalladora hermosura, y, sobre todo, la inagotable fuerza cómica, se apreciarán más que por la explicación y el análisis, por la reiterada y atenta lectura.
Su sintaxis se prestará a múltiples observaciones de pormenor. En general es, como la del Lazarillo de Tormes, la de la lengua familiar que sigue con ligereza al pensamiento, sin preocuparse de aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los lentos pasos de la lógica gramatical. Hoy, en los escritos, no se toleran mil licencias de construcción que usamos al hablar y que usó Cervantes también al escribir; no hemos de corregirlos en sus obras como lo haríamos en los cuadernos de un alumno, sino estudiarlos como una manera de otros tiempos, que al fin y al cabo fueron los más gloriosos de nuestras letras. Por otra parte, estos casos en que Cervantes pasaría hoy por incorrecto, son muchos menos de los que algunos creen, y en los trozos que siguen habrá ocasiones sobradas de rechazar a Clemencín, Hartzenbusch y demás críticos rigoristas, que se empeñan en mirar al autor del Quijote como escritor descuidado. Su prosa (usando las palabras de un censor del Quijote) será siempre maestra soberana «en la lisura del lenguaje castellano, no adulterado con enfadosa y estudiada afectación».
Aparte de tal estilo, que es el más admirable suyo, empleó Cervantes otro, libre de esos pretendidos defectos, como más trabajado y artificioso, a la manera que usaban generalmente los que estudiaban los autores latinos e italianos. Este se ve en su primera obra, La Galatea, en la última que escribió, el Persiles y Sigismunda, y en los episodios de tono sentimental e idealista que se intercalan en el Quijote.
En fin, una tercera manera se puede señalar en el estilo de este autor, si bien es pasajera y contrahecha, que aparece en las parodias de los libros de caballerías (por ejemplo, en la descripción del lago encantado que aquí se copia); en ella el lenguaje se llena de afectación y arcaísmo intencionado.
QUIJOTE
PARTE I, CAPÍTULO I
Condición y ejercicio del famoso hidalgo.