[454] Pudiera haber dicho también negándome que haya habido. La repetición pleonástica de negaciones que en otras lenguas se destruyen una a otra, es muy peculiar del castellano; unas líneas más adelante se hallará también «no puedo yo negar que no sea verdad», etc.

[455] Amadis de Gaula, el más antiguo y famoso libro de caballerías, era ya muy leído por el Canciller Ayala antes de su prisión en la batalla de Nájera, 1367 (v. atrás [p. 148], [n. 313]). Constaba de tres libros, según el poeta Pedro Ferruz, coetáneo de Ayala. Hay quien pretende que su autor fué el portugués Vasco de Lobeira, el cual no pasó de ser un simple arreglador de la obra más antigua. Es desconocida esta redacción primitiva tanto como su autor. En tiempo de los Reyes Católicos, Garci Ordóñez de Montalvo escribió la redacción que hoy se conserva, añadiéndole el cuarto libro. Amadis es el prototipo del amor delicado, firmísimo e inquebrantable de un caballero por su dama. Tan famosa fué esta novela, que tuvo muchas continuaciones; una es el Amadis de Grecia.

[456] Hoy diríamos añadió que y no añadió diciendo que; añadir se usaba en igual manera que hoy proseguir: prosiguió diciendo que. Una reunión parecida de los verbos añadir y decir, v. atrás [pág. 130], líneas 24 y 25.

[457] Hoy no se junta el pronombre enclítico a los participios pasivos, pero sí en los siglos de oro de nuestra literatura.

[458] Hoy se emplea el adverbio más en vez de mejor con los verbos que denotan acciones útiles o agradables, agrada más, aprovecha más.

[459] Floripés hija del Almirante sarraceno Balán, enamorada del caballero francés Gui de Borgoña, libertólo de la prisión en que yacía con otros Pares de Francia, guareciéndolos en una torre donde se mantuvieron contra todo el poder de los infieles, hasta que Carlomagno los socorrió. Esta fábula que procede de poemas franceses del siglo XII, figura en la novelesca Historia de Carlomagno que puso en castellano Nicolás de Piamonte.

[460] Fierabrás (en francés «el de los fieros brazos») era, según los poemas franceses de la Edad Media, un descomunal gigante, que peleó en singular combate con el caballero de Carlomagno, Oliveros; vencido por éste, fué su mejor amigo después de hacerse bautizar. Esta patraña pasó también a la ya citada historia fabulosa de Carlomagno, con la de la puente de Mantible, donde cobraba el Almirante Balán (el ya mencionado padre de Floripés) un pontazgo humillante a los cristianos, que por allí tenían que pasar: sesenta perros de caza, cien doncellas, cien halcones mudados y cien caballos con sus jaeces, y el cristiano que no podía pagar ésto perdía su cabeza. Carlomagno ganó la puente con grande estrago y perdición de hombres.

[461] La leyenda de Troya fué popular en la Edad Media, y en sus héroes se buscó ascendencia para los modernos; Artús era descendiente de Eneas. Este rey bretón, llamado también Arturo, fué centro de un gran ciclo de leyendas divulgadas por toda Europa; es el fundador de la fabulosa caballería de la Tabla redonda o mesa redonda a que se sentaban los caballeros. A su metamorfosis en cuervo atribuye Cervantes en otro lugar del Quijote, y en el Persiles y Sigismunda, el que los ingleses se abstuviesen de matar cuervos.

[462] Otro héroe de poemas franceses en la Edad Media (Garín Mesquin) que sufrió también una adaptación al castellano en uno de tantos libros, que según decía Juan de Valdés en tiempo de Carlos V, «demás de ser mentirosísimos, tienen tan mal estilo que no hay buen estómago que los pueda leer».

[463] Demanda, en términos caballerescos, es el acto de empeñarse en una empresa. El Grial era la copa en que había recogido la sangre de Cristo José de Arimatea; cuando éste fué a evangelizar la Bretaña llevó consigo el Grial, pero andando el tiempo heredó la reliquia un rey indigno; entonces se empeñaron en la demanda del Santo Grial Artús y los caballeros de la Tabla redonda; Perceval (el Parsifal de la ópera de Wagner) mereció por su castidad y demás virtudes dar fin a la aventura, ganando la santa reliquia, que después de su muerte fué arrebatada al cielo.