[476] El canónigo cree más en Bernardo que en el Cid, y sin embargo, el Bernardo del Carpio, vencedor de Roncesvalles, es de todo punto fabuloso; sólo existió un Bernardo Conde de Ribagorza, que, auxiliado por gente franca, reconquistó de moros este condado, suministrando algunas hazañas a la leyenda del fabuloso Bernardo leonés o del Carpio.

[477] Esto es «se remitieron para ser juzgados y aprobados». Cuenta Melchor Cano de un buen clérigo, a quien no cabía en la mollera que un libro impreso con las licencias necesarias contuviera mentiras, así que tenía por tan verdadera y probada la historia de Amadis, como las fábulas de Esopo.

[478] Hartzenbusch corrigió con gran desenfado: o tales caballeros, sin duda porque hoy se haría resaltar más la duplicidad del sujeto, poniendo: «que tal caballero hizo o tales caballeros hicieron».

[479] Leyendas es hoy desusado en la acepción de lectura, por más que el Diccionario de la Academia no señala esta acepción como anticuada.

[480] A la viveza con que habla Don Quijote cuadra bien la supresión del segundo que en: «hay mayor contento que ver aquí se muestra delante de nosotros un lago». Hartzenbusch, sin embargo, suplió: que aquí; no hace falta. Podía Cervantes haber suprimido también consecuentemente el que de las frases siguientes: y que andando andando... y que del medio del lago, y que apenas el caballero; pero una vez que no quiso hacerlo, no tenemos motivo alguno para censurarle por esos ques, como hace implacablemente Clemencín.

[481] El hada (voz derivada del latín fata, plural del neutro fatum, hado), es un ser fantástico de la mitología moderna bien conocido. El número siete, como el tres, aparece consagrado en multitud de invenciones populares (siete infantes de Lara; un venablo cortador, siete veces fué templado en la sangre de un dragón, etc.), el bellísimo romance de la Infantina encantada dice:

Fija soy yo del buen rey,

y la reina de Castilla;

siete fadas me fadaron

en brazos de un ama mía