Publicó el año de 1645 su Historia de los movimientos y separación de Cataluña, y de la guerra entre la Majestad Católica de Don Felipe el IV y la Diputación General de aquel Principado.

Aunque Melo era natural de Lisboa, su lenguaje es castizo y elegante castellano, modelo en la expresión feliz y acertada. Multitud de portugueses de los siglos XVI y XVII miraban como suya propia a nuestra lengua.

La dicción de Melo, breve, cortada y aforística, recuerda al tan imitado Mendoza, que es su modelo; también, como éste, se inspira en Tácito, de quien copia el corte general de su Prólogo. Pero no queda, como Moncada, restringido a estos modelos antiguos; Melo pertenece de lleno, por su estilo, al gusto del siglo XVII, y es un imitador de Quevedo; aunque esto se ve más en sus otras obras (Las tres musas, Política militar, Eco político), también resalta en la Guerra de Cataluña, donde abundan las frases henchidas de pensamientos agudos y profundos, las metáforas audaces e ingeniosas.

En el arte de la historiografía, representa una tendencia más decidida a retratar con superior viveza y realidad los hechos de que había sido testigo presencial, y, sobre todo, a caracterizar los personajes, ayudándose para esto hasta de las arengas, que en la pluma de otros historiadores no servían sino de mero adorno retórico: «Procuro no faltar a la imitación de los sujetos cuando hablo por ellos, ni a la semejanza cuando hablo de ellos; en inquirir y retratar afectos, pocos han sido más cuidadosos; si lo he conseguido, dicha ha sido de la experiencia que tuve de casi todos los hombres de que trato; he deseado mostrar sus ánimos, no los vestidos de seda, lana o pieles, sobre que tanto se desveló un historiador grande de estos años, estimado en el mundo.» Pero entiéndase que esta mayor profundidad a que aspira Melo, no va guiada hacia un fin científico de exactitud, sino hacia un ideal puramente literario, deseando con ese análisis de caracteres dar más interés dramático a su historia; por lo demás, para lograr efectos artísticos, calla la verdad o la violenta sin escrúpulo, como hacían todos los historiadores a la manera clásica; por ejemplo: Melo, buscando el interés para su relato, puso artificiosamente como primer estallido de la revolución el tumulto que ensangrentó las calles de Barcelona el día del Corpus de 1640, con cuya descripción formó una de las páginas más hermosas de su obra, de la que aquí incluímos un extracto, y, sin embargo, para concertar en ella el efecto, hubo de callarse que hacía ya treinta y siete días que los disturbios habían comenzado[624].

HISTORIA DE LA GUERRA DE CATALUÑA

LIBRO I, PÁRRAFOS 79 A 99

Estalla la revolución en Barcelona el 7 de junio de 1640

Había entrado el mes de junio, en el cual, por uso antiguo de la provincia, acostumbran bajar de toda la montaña hacia Barcelona muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos que lo más del año viven desordenadamente, sin casa, oficio o habitación cierta; causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares donde los reciben; pero la necesidad precisa de su trato, no consiente que se les prohiba; temían las personas de buen ánimo su llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su atrevimiento en perjuicio del sosiego público.

Entraban, comúnmente, los segadores en vísperas del Corpus, y se habían anticipado aquel año algunos; también su multitud, superior a los pasados, daba más que pensar a los cuerdos, y con mayor cuidado por las observaciones que se hacían de sus ruines pensamientos.