Melibea.—¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo que dizes? ¿De qué te ríes?

Lucrecia.—De como no conoscías a la madre en tan poco tiempo en la filosomía[157] de la cara.

Melibea.—No es tan poco tiempo dos años, y más que la tiene arrugada.

Celestina.—Señora, ten tú el tiempo que no ande, terné yo mi forma que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en el espejo no te conozcas?[158] Pero también yo encanecí temprano, y parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la menor. Mira como no so vieja como me juzgan.

Melibea.—Celestina amiga, yo he holgado mucho en verte y conoscerte; también hasme dado plazer con tus razones. Toma tu dinero y vete con Dios, que me parece que no deves haver comido.

NOTAS

[123] Algunas de estas imitaciones advierte Menéndez Pelayo en su fundamental estudio sobre la Celestina, publicado en los Orígenes de la Novela III, 1910, pág. XLII, etc.—Alguna vez el cultismo de Rojas se exacerba, por ejemplo en el discurso final de Pleberio, pagando demasiado tributo a una erudición huera y tosca, muy de moda entonces.

[124] Sin razón el Sr. Foulché-Delbosc, corrige estas formas como «erratas y deficiencias», en la pág. 174 de su reimpresión de la edición de La Celestina hecha en Burgos, 1499.

[125] Sangustiado forma derivada de otra perdida, *esangustiado (del latín *ex-angustiatus), como el verbo arcaico secutar por esecutar (del latín executare), o el vocablo vulgar sagerao por exagerado. En la traducción del Coloquio de las Damas, del Aretino, por Fernán Juárez, se halla «una muy gran sangustia... muy sangustiada» N. Bibl. A. E., XXI, 261 b.

[126] ‘Ni hay otro poder (que el divino de que Calixto viene hablando) que pueda satisfacer mi voluntad humana’. Las ediciones modernas unen esta cláusula a la anterior con una coma, que no tiene sentido. La edición antigua pone punto.