[246] Las ediciones posteriores: servir a éstos.

[247] Lo más más cierto, refuerzo del adverbio por repetición; como si dijera: «lo muy más cierto» (comp. adelante [pág. 239], [n. 491], menos menos).

[248] Ser librado, recibir libranza u orden de pago; librar, expedir la libranza el que debe una cantidad. Recámara, el aposento que está más adentro de la cámara donde duerme el señor, y donde el camarero le tiene sus vestidos y joyas.

[249] Asienta hombre, esto es, «se asienta uno»; hombre era muy usado en sentido pronominal indefinido, como el francés on.

[250] Hoy gran privado suyo, como ya modernizó Luna. Antiguamente el posesivo se podía colocar entre el sustantivo y otro determinante; v. gr.: un mi amigo por un amigo mío.

[251] Malsinar es delatar, y malsín el cizañero o delator. («El que de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con mala intención y por su propio interés», Covarrubias.)


DIEGO HURTADO DE MENDOZA
(Hacia 1503-1575)


El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros, por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además, el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos científicos y artísticos, y cumplidos los votos que en 1588 hacía el padre Malón de Chaide, se encuentran ahora «todas las cosas curiosas y graves escritas en nuestro vulgar, y la lengua española subida en su perfección, sin que tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno al otro polo».