señores de gran valía...

El hijo de don Alonso, don Pedro, peleaba de rodillas y mal herido al lado del héroe, quien le suplicaba le abandonase para ir a consolar a su madre; pero hubiera perecido con su padre si no le hubiese separado de allí don Francisco Alvarez de Córdova.

[275] Don Alonso, al oir que luchaba con el odiado y terrible Ferí, recogió sus últimas fuerzas para herirle, pero le faltó aliento y fué rematado.

[276] Tácito: «Utque signis et aquilis per superbiam insulserit (Ariminius).»

[277] Los soldados de Germánico no oran por sus compañeros, sino que entierran sus huesos juntamente con los del enemigo: «Trium legionum ossa, nullo noscente alienas reliquias an suorum humo tegeret, omnes, ut coniunctos, ut consanguineos, aucta in hostem ira, moesti simul et infensi condebant.» Mendoza no debió haber copiado estas hermosas palabras, pues las oraciones de los españoles no beneficiaban igualmente a amigos y enemigos.


FRAY LUIS DE GRANADA
(1504-1588)


El Libro de la Oración y Meditación se imprimió por primera vez en 1567, y la Introducción al Símbolo, en 1582. El lenguaje castellano había servido ya, no sólo para escribir libros de entretenimiento, sino para tratar asuntos graves y doctrinales en manos de Fray Antonio de Guevara, Juan de Valdés, Florián de Ocampo, etc. Sin embargo, antes de Fray Luis de Granada, sólo el beato Juan de Avila († 1569) había empleado el romance en cuestiones de mística y teología de un modo genial, entre varios de segundo orden.

«El Venerable Ávila, dice Capmany, había creado, por decirlo así, un lenguaje místico de robusto y subido estilo, y el Venerable Granada lo hermoseó, lo retocó con lumbres y matices y le dió número, fluidez y grandiosidad en las cláusulas.»