[313] Es muy común decir libros de caballería; ha de decirse caballerías en plural, que este nombre se da a las hazañas llevadas a cabo por un caballero. La afición a las novelas caballerescas fué predominante en España por el espacio increíble de más de tres siglos. En el siglo XIV el Canciller Pero López de Ayala, entre sus yerros más grandes, se lamentaba de haber sido víctima de tan desatinada afición:

Plogome otrosí oir muchas vegadas

Libros de devaneos e mentiras probadas:

Amadis, Lanzalote e burlas asacadas,

En que perdí mi tiempo a muy malas jornadas.

(Rimado de Palacio, copla 162.)

A mediados del siglo XVI Santa Teresa se acusa de igual pecado, y a principios del XVII era todavía tan desmedido el apego a tales novelas, que Cervantes, para amenguarlo, ridiculizó en su Quijote los extravíos que tan dañosa lectura causaba.

[314] Este los se refiere a los libros de caballerías que, aunque hace mucho se nombraron, no dejan de estar presentes a la memoria en todo este pasaje. Otra vez vemos aquí la sintaxis de la Santa obedecer más a la viveza de la imaginación que a la lógica gramatical.

[315] El pronombre ella se refiere a la madre aunque no se la haya nombrado inmediatamente antes. Otra vez cabe la observación de la [nota anterior].

[316] Nuevo descuido de la autora que pensaba haber escrito antes me hizo enfriar, o cosa parecida.