[317] Créame y los verbos que siguen en singular debieran ir en plural, pues la Autora se dirige a sus monjas, como adelante se ve.
[318] Santa Teresa trata generalmente a las religiosas de su merced en tercera persona de plural; aquí las habla en segunda persona de plural. Es común, en escritores más cuidados, este cambio de tratamiento. Fray Luis de Granada dice a la Virgen: «alegrate con esta esperanza y cesen ya tus gemidos... Bien veo, señora, que no basta nada desto para consolaros». (B. Aut. esp., VIII, pág. 82 b).
[319] Esta especie de superlativo formado mediante el prefijo re que refuerza el sentido del adjetivo simple, es muy propio del castellano (refino, relimpio, remucho, remejor); muchos escritores lo desdeñan por familiar.
[320] Ante los adverbios más y menos usaban nuestros clásicos las formas apocopadas muy, tan, cuán («cuán más agradable»), en vez de las formas plenas mucho, tanto, cuanto, que son hoy de rigor (V. Bello Gram. § 1023).
[321] Las leyes lógicas de la concordancia exigirían se hacen más nobles y aparejados; la licencia hoy tolerable sería se hace aparejada.
[322] Serna era el mandadero que llevaba las cartas de don Lorenzo.
[323] Francisco se llamaba el hijo mayor de don Lorenzo. La Santa era naturalmente directora de los negocios espirituales de todas las personas de su familia. Lorenzo había prometido obediencia a su hermana, como luego se verá.
[324] Este la representa al substantivo carta que la autora consideraba embebido en el verbo escribiere. (Recuérdese lo dicho [página 148] [n. 312] y [pág. 149], [314] y [315], y véase [153], [n. 326].)
[325] El sujeto de este verbo no es Francisco, como parece, sino don Lorenzo.
[326] Este las se refiere a las monjas de la comunidad.