[343] Fray Luis, al principio de esta introducción, habla poco menos que como si él fuera el primero en aplicar el castellano a asuntos serios, quejándose «de lo mal que usamos de nuestra lengua no la empleando sino en cosas sin ser». No es admisible que desconociera los autores citados en la [pág. 125], y por fuerza habría leído las obras místicas del Beato Juan de Ávila y del Venerable Granada, que andaban ya impresas; sin embargo, a juzgar por las palabras que ahora emplea, parece que no le satisfacían mucho y no las tomaba en consideración.
[344] A vueltas de significa ‘alrededor de, cerca de’; así fijando después el día en que esto sucedía, dícese que era el de San Pedro, que es en 29 de Junio, cinco días después de San Juan. En esta frase el artículo se usa rarísima vez: a las vueltas.
[345] Cuando el acusativo es de igual raíz que el verbo, exige algún complemento que le especifique, pues de lo contrario sería un acusativo del todo inútil, v. gr.: vivir una vida fatigosa (véase Bello, Gram. § 796); aquí se sobreentiende con la vida (tan fatigosa) que allí se vive.
[346] Los nombres de ríos sin artículo, v. [pág. 86], [n. 161]. Los agustinos calzados, que llegaron a Salamanca por los años 1330, fueron los fundadores de este convento. Hoy no existe el edificio antiguo, pues fué bárbaramente destruído por el ejército francés en 1812, y aunque reedificado, se demolió más tarde, ocupando hoy su solar la nueva calle llamada de Oliva.—Este monasterio tenía, para descanso y recreo de los frailes, una granja, llamada la Flecha, a legua y media de distancia, río arriba, a la vera del camino de Salamanca a Madrid. (V. M. Villar y Macías, Hist. de Salamanca, I, 453, etc.) La apacible descripción que hace Fray Luis de este paisaje concuerda en todo con la realidad; tal como él lo pinta, se reconocen hoy la casa de los frailes, las cuestas que empiezan a sus espaldas y que si hacia Aldealengua se van insensiblemente suavizando y disminuyendo, prolónganse larguísimo espacio eslabonándose hacia Salamanca; todavía existe la desordenada arboleda que tanto deleitaba la vista del poeta, y la risueña fuente que baja desde la cuesta al huerto,
y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
hasta llegar, corriendo se apresura.
En fin, el huerto mismo existe, que tanta inspiración guardaba para el autor de la oda a la Vida retirada y que se llama, como queda dicho, huerta de la Flecha.
[347] Destinada al culto está desde antiguo una capilla cerca de la huerta, frente a la aceña de la Flecha y contigua a la casa del molinero.
[348] Hacerse era muy usado con nombres de lugar en el mismo sentido que ‘extenderse, hallarse’, o sea ‘estar situado’.