[394] En habémoslo, el pronombre lo nos ofrece el uso natural del neutro, pues hace el oficio de representar una proposición entera, ya que equivale a «habemos lo que litigamos», «esto que defendemos», «este negocio o causa que sostenemos». Pero el femenino la se generalizó mucho en lugar del neutro, por sobreentenderse cosa y en vez de el más diestro lo yerra, se dijo la yerra, ¡la hicimos buena!, hacérsela, pegársela a uno (v. Diez, Gram. III, 47); aun el plural femenino es muy usado: pagárselas a uno; y en el ejemplo de Mariana diríamos hoy: «nos las habemos con una bestia feroz».

[395] El pronombre nos en tiempo de Mariana ya no se usaba ordinariamente sino por yo en documentos redactados por personas de alta dignidad; pero tal como aquí Mariana lo usa, es decir, como plural efectivo en vez del moderno nosotros, era un arcaísmo casi sólo conservado en poesía.

[396] Esta calificación que Enrique da a su hermano, según Mariana, es histórica. En los diplomas de la cancillería enriqueña nunca se nombra a Don Pedro con más suaves epítetos: «el traidor tirano que se llamaba Rey», o «aquel mal tirano», o «el traidor hereje tirano».

[397] Hoy decimos: «los moros huyeron los primeros». En ambos casos primero tiene funciones de adjetivo, pero significado de adverbio («los moros huyeron primeramente»), cosa que sucede muy a menudo, lo mismo que en latín, con solus, primus, ultimus (Diez, Gram. III, 7), v. gr. «solos Don Antonio y Don Juan no quisieron»; aquí y en el ejemplo de Mariana es evidente la función adjetiva de solos, primeros, por estar en plural; en el otro ejemplo que ofrece Mariana unas líneas más abajo: «murió sólo un caballero» se puede dudar si solo es adjetivo de caballero, o un adjetivo adverbializado que no hace funciones de adjetivo, sino de adverbio, por lo cual no dejaría de ser masculino aunque se mudara el género del substantivo: «murió sólo una mujer».

[398] El alcance es la persecución del enemigo que huye.

[399] Véase la [nota 397], [pág. 189]. Mariana dió aquí una interpretación exagerada al texto de la Crónica de Ayala, para hacer más prodigiosa la narración. Ayala no dice que muriera sólo un cristiano, sino sólo uno de los principales: «en esta batalla non morieron de los del Rey Don Pedro omes de cuenta, salvo un caballero de Córdoba que decían Juan Ximénez; e la razón porque pocos morieron fué porque los unos posaban en las aldeas, e non eran llegados a la batalla, e los otros que y eran recogiéronse con el Rey al castillo de Montiel.»

[400] «Hacer una cosa de industria, hacerla a sabiendas y adrede, para que de allí suceda cosa que para otro sea acaso y para él de propósito.» (Covarrubias.)

[401] A su salvo equivale a en salvo, a mansalva, sin peligro.

[402] Sobre este Men Rodríguez, fantaseó una novela famosa Don Manuel Fernández y González.

[403] La ayuda prestada por Du Guesclin al fratricida fué, en efecto, liberalmente pagada por una de esas famosas mercedes enriqueñas, por la que el Caballero francés recibió las villas de Soria, Almazán, Atienza y otras, las mismas que Don Pedro le había ofrecido por mediación de Men Rodríguez.