«Mi alma alaba al Señor. 47Mi espíritu se ha regocijado en el Señor mi Salvador, 48Porque Él ha mirado el humilde estado de su sierva.
Porque desde ahora, todas las generaciones me llamarán bendita. 49Porque, aquel que es poderoso ha hecho grandes cosas por mi. Santo es su nombre. 50Su piedad es de generación en generación para aquellos que le temen.
51Él ha mostrado fuerza con su brazo[[7]]. Ha esparcido el orgullo en la imaginación de sus corazones[[8]].
52Él ha destronado a poderosos[[9]]. Y ha exaltado a los bajos.
53Él ha llenado a los hambrientos de cosas buenas. Él ha enviado a los ricos con las manos vacías.
54Ha ayudado a Israel, su servidor, para que pueda recordar la piedad[[10]], 55Como habló con nuestros padres, a Abraham y a su semilla[[11]] por siempre.»
56María se quedó con ella aproximadamente tres meses, y luego regresó a su casa. 57Ocurrió que el tiempo para dar a luz de Isabel se había completado, y tuvo un hijo. 58Sus vecinos y sus parientes escucharon que el Señor había aumentado su piedad por ella, y se alegraron con ella. 59Al octavo día fueron a circuncidar al niño; y lo querían llamar Zacarías, como su padre. 60Su madre contestó, «No así; él se llamará Juan.»
61Ellos le dijeron, «No hay ningún familiar[[12]]de ustedes que se llame así.» 62Le hicieron señales a su padre, para saber como lo llamaría él.
63Él pidió una tableta para escribir, y escribió, «Su nombre es Juan.» Todos quedaron maravillados.
64Su boca se abrió de inmediato, su lengua se liberó y habló bendiciendo a Dios. 65El temor se apoderó de todos los que vivían alrededor de ellos y todos estos acontecimientos fueron contados por toda la región montañosa de Judea. 66Todos los que los escucharon se cuestionaban en su corazón, diciendo, «¿Qué será de este niño?» La mano de Dios estaba con él. 67Su padre, Zacarías, estaba lleno del Espíritu Santo y profetizó diciendo
68«Bendecido sea el Señor, el Dios de Israel, Pues el ha visitado y ha obrado la redención para su pueblo;
69Y ha alzado un cuerno de salvación para nosotros[[13]] en la casa de su siervo David. 70(Cómo ha dicho por boca de sus santos profetas quienes han estado desde la antigüedad), 71Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos odian;
72Y ha mostrado piedad hacia nuestros padres, Y ha recordado su santa alianza,
73Y nos daría[[14]] el juramente que le ha hecho a Abraham, nuestro padre, 74Para permitir, siendo liberados de nuestros enemigos, que le sirvamos sin temor, 75En santidad y rectitud ante Él todos los días de nuestra vida.
76Y tu, niño, serás llamado un profeta del Más Alto, Pues irás antes de la gracia del Señor para preparar su camino[[15]], 77Para dar a conocer la salvación[[16]] a su gente mediante la redención de sus pecados,
78Por la protectora piedad de nuestro Dios, por la que el amanecer[[17]] desde lo alto nos visitará, 79Para brillar sobre los que se sientan en la oscuridad y en la sombra de la muerte; Para guiar nuestro pie por la senda de la paz.»
80El niño crecía, se hacia fuerte en espíritu, y permaneció en el desierto hasta el día de su aparición pública ante Israel.
2
1Ocurrió en esos días, que salió un decreto de Cesar Augusto indicando que toda la gente de su dominio[[18]] debía registrarse. 2Este fue el primer censo realizado cuando Cireneo era gobernador de Siria. 3Todos fueron a registrarse, cada uno a su propia ciudad. 4José también salió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea a la ciudad de David, que es llamada Belén, porque él era de la casa y de la familia de David; 5para registrarse junto con Maria, quien estaba comprometida con él en matrimonio y estaba embarazada.