6Ocurrió, mientras estaban allá, que llegó el día en el que ella debía dar a luz. 7Ella trajo a su primogénito, y lo envolvió en bandas de algodón, y lo acostó en un establo, porque no había espacio para ellos en la posada. 8Había pastores en la misma región que permanecían en el campo, y cuidaban su rebaño durante la noche. 9Entonces, un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor brilló a su alrededor, ellos estaba muy asustados. 10El ángel les dijo, «No se asusten, porque les traigo una buena noticia de gran regocijo, que será para toda la gente. 11Porque les ha nacido, este día, en la ciudad de David, un Salvador, quien es Cristo el Señor. 12Esta es la señal para ustedes: encontrarán un bebe envuelto en mantas de algodón, acostado en un establo.» 13De repente, apareció con el ángel una multitud del ejercito celestial alabando a Dios y diciendo,
14«Gloria a Dios en lo más alto, Sobre la tierra paz, buena voluntad hacia los hombres[[19]].»
15Ocurrió, cuando los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, que los pastores se dijeron entre sí, «Vamos a Belén, ahora, a ver esto que ha ocurrido, y que el Señor nos ha hecho saber.» 16Fueron de prisa y encontraron a Maria, a José y al Bebe acostado en el establo. 17Cuando lo vieron, publicaron ampliamente el mensaje que les había sido dicho sobre este niño. 18Todos los que los oían se admiraban de las cosas que los pastores les decían. 19Y Maria mantenía todas estos mensajes, considerándolos en su corazón. 20Los pastores volvieron, glorificando y orando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, tal como les fue dicho.
21Cuando pasaron ocho días para la circuncisión del niño, se le llamó Jesús, como fue dado por el ángel antes de que fuera concebido en el vientre.
22Cuando los días de su purificación se completaron de acuerdo a la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén, para presentarlo ante el Señor 23(como está escrito en la ley del Señor, «Todo varón que abra el vientre debe ser llamado santo para el Señor»), 24y para ofrecer un sacrificio de acuerdo a lo que está dicho en la ley del Señor, «Un par de tórtolas o dos pichones de paloma.»
25En Jerusalén había un hombre llamado Simeón. Este hombre era justo y devoto, esperaba la consolidación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. 26Se le había rebelado por intermedio del Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo[[20]] del Señor. 27Él llegó en el Espíritu al templo. Cuando los padres trajeron al niño, Jesús, para obrar con Él de acuerdo a la costumbre de la ley, 28él recibió al niño en sus brazos, bendijo a Dios y dijo,
29«Ahora estás liberando tu siervo, Maestro, De acuerdo a tu palabra, en paz;
30Pues mis ojos han visto tu salvación[[21]], 31que has preparado ante los rostros de todas las naciones[[22]];
32Una luz de revelación para los gentiles[[23]], y la gloria de tu pueblo Israel.
33José y su madre estaban maravillados de las cosas que estaban diciéndose sobre Él, 34y Simeón los bendijo y dijo a María su madre, «Esté niño está puesto para la caída y surgimiento de muchos en Israel y como una señal de disputa[[24]]. 35Si, una espada atravesará tu propia alma, para que los pensamientos de muchos corazones puedan ser revelados.»
36Había una Ana, una profetiza, la hija de Fanuel, de la tribu de Aser (ella tenía muchos años, habiendo vivido con un marido siete años desde su virginidad, 37y siendo viuda por casi ochenta y cuatro años), que no salía del templo, alabando a Dios con ayuno y oración[[25]] noche y día. 38Llegó justo en ese momento, ella dio gracias al Señor, y habló de Él a todos los que buscaban redención en Jerusalén.
39Cuando habían cumplido con todas las cosas de acuerdo a la ley del Señor, retornaron a Galilea, a su propia ciudad, Nazaret. 40El niño crecía y se hacía fuerte en espíritu, llenándose de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre él. 41Sus padres[[26]] iban cada año a Jerusalén para la Pascua.