38Él les dijo, «Vayamos a otros lugares en los siguientes pueblos, para que yo pueda predicar allá también, porque por esta razón he venido.» 39Fue a las sinagogas de toda Galilea, evangelizando y expulsando los demonios

40Un leproso vino a Él, suplicándole, arrodillado ante Él, y diciéndole, «Si quieres, puedes hacerme limpio.»

41Jesús tuvo compasión de él[[16]], estiró su mano, lo tocó, y le dijo, «Yo quiero. ¡Queda limpio!» 42Cuando dijo esto, de inmediato la lepra lo abandonó, y quedó limpio. 43Inmediatamente le mando irse, y le advirtió estrictamente 44diciéndole, «No se lo digas a nadie, pero muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza las cosas que Moisés ordenó, como un testimonio para ellos.»

45Pero él salió y comenzó a anunciarlo y ha difundir lo acontecido, así que Jesús ya no podía entrar abiertamente a una ciudad, pero se quedaba afuera en sitios desiertos, y venían a Él de todas partes.

2

1Cuando volvió a entrar en Capernaum después de algunos días, se escuchó que estaba en la casa. 2Entonces muchos se juntaron, de forma que no quedo espacio, ni siquiera cerca a la puerta; y Él les decía la palabra. 3Cuatro personas fueron hacia Él, cargando un paralítico. 4Cuando no pudieron acercarse más por la multitud, subieron al techo[[17]], quitaron el techo de donde Él estaba. Cuando lo habían descubierto, bajaron la camilla en la que estaba el paralítico acostado. 5Jesús, viendo su fe, le dijo al paralítico, «Hijo, tus pecados te son perdonados.»

6Pero había algunos escribas[[18]] sentados allí, pensando en sus corazones, 7«¿Por qué dice este hombre blasfemias como esa? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?»

8Inmediatamente Jesús, percibió en su espíritu lo que estaban pensando, en su interior, y les dijo, «¿Por qué piensan estas cosas en sus corazones? 9¿Qué es más fácil, decirle al paralítico, `Tus pecados son perdonados;´ o decir, `Levántate, toma tu cama, y camina?´ 10Pero sepan que el Hijo del Hombre tiene la autoridad[[19]] en la tierra para perdonar pecados» le dijo al paralítico 11«Yo te digo, levántate, toma tu camilla, y ve a tu casa.»

12Él se levantó, e inmediatamente tomó la camilla, y salió en frente de todos; todos estaban asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo, «¡Nunca vimos algo como esto!»

13Jesús salió de nuevo a la orilla del lago. Toda la multitud vino hacia Él, y Él les enseño. 14Al pasar, vio a Levi, el hijo de Alfeo, sentado en la oficina de impuestos [[20]], y le dijo, «Sígueme.» Y él se levantó y lo siguió.