15Sucedió, que estando sentado en la mesa de su casa, muchos recolectores de impuestos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos, porque había muchos que lo seguían 16Cuando los escribas y los fariseos vieron que estaba comiendo con pecadores y recolectores de impuestos, dijeron a sus discípulos, «¿Por qué es esto, que Él come y bebe con recolectores de impuestos y pecadores?»

17Cuando Jesús los escuchó, les dijo, «Aquellos que son saludables no tienen necesidad de un médico, sino aquellos que están enfermos. No vine a llamar al arrepentimiento a los justos sino a los pecadores.»

18Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, algunas personas fueron y le preguntaron, «¿Por qué los discípulos de Juan y los fariseos ayunan pero tus discípulos no ayunan?»

19Jesús les dijo, «¿Pueden los invitados a la boda ayunar mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, no pueden ayunar. 20Pero vendrán días en los que les quitarán al novio, y tendrán que ayunar ese día. 21Nadie coce un parche nuevo[[21]] sobre un vestido viejo, porque el parche encoge y se separa del viejo, y se hace un hueco peor. 22Nadie pone vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo romperá el cuero, y el vino se derramará, y el cuero quedará destruido; en cambio ponen vino nuevo en odres frescos.»

23Sucedió que Jesús caminaba un día de reposo por los sembrados de granos, y sus discípulos comenzaron, mientras los cruzaban, a arrancar las espigas. 24Los fariseos le dijeron, «Observa, ¿Por qué ellos hacen eso, que no es legal el día sabático?»

25Él les contesto, «¿No leyeron lo que David hizo, cuando él tuvo necesidad, y estaban hambrientos él y los que estaban con él? 26¿Cómo él entró a la casa de Dios cuando Abiatar era un alto sacerdote, y comió pan sagrado, lo cual no era permitido sino para los sacerdotes, y también le dio a los que estaban con él?» 27Él les dijo, «El día sabático fue hecho para los hombres, no los hombres para el día sabático. 28Así que el Hijo del Hombre es señor incluso del día sabático.

3

1Jesús entró de nuevo a la sinagoga, había allí un hombre que tenía una mano tullida. 2Ellos lo miraban pues si lo sanaba el día sabático, podían acusarlo. 3Él le había dicho al hombre que tenía la mano tullida, «Levántate.» 4Jesús les dijo, «¿Es legal en el día sabático hacer el bien, o herir? ¿Salvar una vida, o matar?» Pero ellos callaban. 5Después de mirarlos con indignación, apenado por la dureza de sus corazones, le dijo al hombre, «Estira tu mano.» Él la estiró, y su mano quedo curada, tan sana como la otra[[22]]. 6Los fariseos salieron, y junto con los seguidores de Herodes conspiraron para destruirlo.

7Jesús fue al lago con sus discípulos, y una gran multitud lo siguió de Galilea, de Judea, 8de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán, y de Tiro y Sidón. Una gran multitud que había escuchado las cosas grandiosas que hacía, vino a Él. 9Jesús habló con sus discípulos para que tuvieran un pequeño bote preparado cerca para que la multitud no lo aplastara. 10Muchos había sanado, por esto todos los enfermos lo presionaban para poder tocarlo. 11Cuando los que estaban poseídos por espíritus impuros[[23]], lo veían, se postraban a sus pies y gritaban, «¡Tu eres el hijo de Dios!» 12Jesús les prohibió estrictamente dar a conocer quien era.

13Jesús subió a la montaña y llamó a los que había elegido, y ellos fueron a Él. 14Fueron doce, los que pudieron ser elegidos por Él y a quienes enviaría a evangelizar, 15con autoridad para curar enfermedades y sacar demonios: 16Simón, a quien le dio el nombre de Pedro; 17Santiago hijo de Zebedeo; Juan, el hermano de Santiago, los llamo Boanegres, que significa hijos del trueno; 18Andrés; Felipe; Bartolomé; Mateo; Tomás; Santiago el hijo de Alfeo; Tadeo; Simón el celote; 19y Judas Iscariote quien después lo traicionó