18Caminando por el lago de Galilea, Jesús vio dos hermanos: Simón, quien es llamado Pedro, y Andrés, su hermano, echando una red al lago; pues eran pescadores. 19Les dijo, «Síganme, y los haré pescadores de hombres.»

20Ellos de inmediato dejaron sus redes y lo siguieron. 21Partiendo de allí, vio a otros dos hermanos, Santiago el hijo de Zebedeo y Juan su hermano, estaban en el bote con Zebedeo su padre, arreglando sus redes. él los llamó. 22Ellos de inmediato dejaron el bote y a su padre, y lo siguieron.

23Jesús fue por toda Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando la Buena Nueva del Reino, y sanando todo desorden y toda enfermedad entre la gente. 24La noticia sobre él se difundió por toda Siria. Le llevaron a todo el que estaba enfermo, afligidos por varios desordenes[[29]]y tormentos, poseídos por demonios, epilépticos[[30]] y paralíticos; y él los sanó. 25Grandes multitudes de Galilea, Decapolis, Jerusalén, Judea y de más allá del Jordán lo seguían.

5

1Viendo las multitudes, subió a una montaña. Cuando se había sentado sus discípulos fueron donde él. 2Abrió su boca y les enseñó diciendo,

3«Benditos[[31]] los pobres en espíritu[[32]], porque de ellos es el Reino de Dios.

4Benditos aquellos que se lamentan Porque serán confortados.

5Benditos sean los que no emplean violencia[[33]], Porque heredarán la tierra.

6Benditos quienes tengan hambre y sed de justicia[[34]], Porque serán saciados.

7Benditos sean los piadosos, Porque obtendrán piedad.

8Benditos los puros de corazón, Porque verán a Dios.

9Benditos quienes hacen la paz, Porque serán llamados hijos de Dios.

10Benditos aquellos que sean perseguidos por causa de la justicia, Porque de ellos es el Reino de Dios.

11«Benditos sean ustedes cuando la gente los reproche, los persiga, y diga toda clase de maldades falsamente en contra de ustedes, por mi causa. 12Alégrense y estén muy contentos, pues grande es su recompensa en el cielo. Pues así es como han perseguido a los profetas que estuvieron antes de ustedes.

13«Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal ha perdido su sabor, ¿Con que podrá volvérsele a dar el sabor? Entonces no es buena para nada, sólo para ser arrojada y pisada bajo los pies de los hombres. 14Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad ubicada en una montaña no puede ocultarse. 15Ni ustedes prenden una lampara, y la ponen debajo de un recipiente, sino en una repisa; y brilla para todos los que están en la casa. 16Así mismo, permitan que su luz brille ante los hombres; que ellos puedan ver sus buenas obras, y den gloria al Padre que está en el cielo.

17«No piensen que he venido a destruir la ley o los profetas. No viene a destruir, sino a completar. 18Porque con seguridad, les digo, hasta que el cielo y la tierra pasen, ni siquiera la letra más pequeña[[35]] ni un pequeño trazo de la ley saldrá de forma alguna, hasta que todas las cosas estén cumplidas. 19Entonces, quien rompa uno de estos mandamientos, y le enseñe a otros a hacerlo, será llamado pequeño en el Reino de Dios; pero quien los cumpla y los enseñe será llamado grande en el Reino de Dios. 20Porque les digo que a menos que su rectitud exceda a la de los escribas y fariseos, no hay forma de que entren en el Reino de Dios.

21«Ustedes han oído que fue dicho a los antiguos, `No debes matar;´ y `Quien mate estará en peligro del juicio[[36]]22Pero les digo, cualquiera que este de mal genio con su hermano[[37]] sin una causa estará en peligro del juicio; y cualquiera que le diga a su hermano, `¡Raca[[38]]!´ estará en peligro del Concejo; y cualquiera que le diga, `¡Tu, tonto!´ estará en peligro del fuego de Gehena[[39]].