Despues de haber comido, mediante el Moro Piloto, le dijo como era venido á estas partes de parte de la Magestad Real del Rey de Castilla, que era el mayor y mas poderoso Príncipe de la Christiandad, y la amistad tan grande que tiene á todos los Señores destas Islas, y el deseo que tiene de que sus Vasallos vengan á tratar y á comunicar con ellos debajo de toda paz y amistad, y como por su mandado venia á contratar por todas estas Islas y traia para ello muchas cosas de resgates, y que aunque habia ocho dias que estaba surto en esta Caleta, no habia consentido que nadie saltase en tierra por no enojarle y que siempre le habia de dar todo contento, y muy mejor de aquí adelante, pues se habia sangrado con él, y lo habia tomado por amigo, y que así le ternia como á propio hermano, y que si tobiese nescesidad de su favor é ayuda se lo daria con toda voluntad como veria, y pues ya eran amigos, que le rogaba viniesen los naturales de la Isla á contratar con los de la Armada, que lo podian hacer siguramente, y que lo que traxesen se les pagaria muy bien á su contento, y que le vendiesen algunos puercos, gallinas y cabras, y que les daria resgates todo lo que valiesen, por la nescesidad que de carne tenian, y asi mismo algun arroz y otras cosas de comer, y si hasta agora no habian venido viniesen de aquí adelante: el Zicatuna dijo, que ya que la amistad estaba fecha vernian y perderian el miedo, y si hasta agora no habian venido era por el daño que los Malucanos y Castellanos de Maluco hicieron en esta Isla agora ha dos años poco mas ó menos, que de bajo de seguro é amistad les robaron, mataron y cautivaron mucha gente que fueron mas de 800 Personas, que desde entonces les dura el miedo tan grande de que en habiendo Navios por la Mar alzan lo que tienen, y dejando las casas desamparadas se meten la tierra adentro con sus mugeres é hijos, y con este miedo no sé yo, puesto que el General la amistad y paz que asienta con ellos la ha de guardar inviolablemente, mientras ellos no la quebraren, si lo ternan por seguro é amistad verdadera, y paresceme que no dejaran de tener escrupulo, y poner dubda en ello hasta que con el tiempo será nuestro Señor servido que conozcan bien el provecho que se les siguirá, lo qual conosceran siempre en el General que entrañamente lo procura para desengañarlos de mala opinion que tienen de los Castellanos. Tambien dijo, que acerca de los bastimentos que el General les pidió este año han padecido hambre en esta Isla por falta de aguas, y que no tienen arroz, ni que comer, é que hay puercos, cabras y gallinas y questan la tierra adentro, que el procurará que los naturales los trayan á la Armada para vender: el General le dijo, como de los Moros Borneos habia sabido del agravio y mal tratamiento que los Malucanos y Portugueses de Maluco habian fecho en esta Isla á los naturales della, y que le pesaba mucho, y que del mismo Zicatuna querria saber como pasó para dar cuenta dello al Rey de Castilla su Señor. El Indio mediante el Borneo le contó al General de la manera que el Borneo antes lo habia contado: dióle á entender el General como los que vinieron de Maluco en los Paraos no eran Castellanos como decian, sino Portugueses, diferente gente y Reyno del de Castilla y que ansi lo habian de tener entendido: los Indios dixeron, que no lo entendian ansi, antes vian, ser unos nosotros y ellos en gestos, en armas y en bestidos, y que por esto se rezelaban tanto: el General les certificó como aquellos eran Vasallos de Rey y de Reyno diferente del de Castilla, y que tubiese por cosa muy cierta que la amistad ó palabra que diese su Señoria, ó qualquiera otro Castellano se la guardarian perfectamente, y sin ningun impedimento ni engaño: mandóle dar quatro baras de manteles alemaniscos, un espejo, una bazinica, cuchillos, tigeras, cuentas, y á los que con él venian les dieron cuentas, con lo qual el Zicatuna se despidió y mostró irse muy contento, y volvieron los rehenes, que digeron habia en tierra cincuenta ó sesenta Indios con lanzas, paveses, dagas, é algunos arcos y flechas.
Mandó luego el General que los carpinteros fuesen á tierra y cortasen un bauprés para la Capitana, y una entena para el mastel mayor, un arbol de mesana y un botaló[87], que todo esto tenía desvaratado la Capitana, lo qual se hizo y aderezó, y puso todo de nuevo; aderezóse una bomba, y á la Nao se le arrasó la popa, y bajándole gran parte della se hicieron otros adovios de que tenia necesidad y en este tiempo algunos Indios de la Isla comenzaron á venir á las Naos con pescado, especialmente sardinas de que hay gran cantidad, y se les pagaba á su contento, y de noche andaban pescando y mirando sus nasas y pesquerias por la Caleta, con lo qual parece que se iban asegurando porque el General ponia orden, que ni en la menor cosa del Mundo soldado los enojase por ninguna ocasion que fuese, y despues comenzaron á venir otras Canoas, y á pasar por delante de las Naos atravesando de punta á punta, y algunas se detenian y paraban á mirar la forma y manera de las Naos, y algunos entraban dentro: todos eran bien tratados, y se les hacia muestra de amistad como el General lo mandaba: De allí á dos dias volvió el Zicatuna á la Nao en una Canoa, y dijo, que pasaba á un pueblo que estaba mas adelante dos leguas de allí, mas quando vino, el General estaba en tierra que habia salido á oir Misa: el Zicatuna se fué al Parao con los Burneos donde estubo un poco y luego pasó su camino.
El General que deseaba saber los nombres y calidades de las Islas que se parescian desta Caleta, y de las demas que estaban á torno della para embiar á Nueva España relacion la mas copiosa de toda la verdad que fuese pusible, y para haber esta relacion habló al Piloto Borneo, y le dijo ¿si se atrevia á ir á Zubu y á otras Islas que de allí se veian en la Fragata con los Españoles que en ella irian á mostralles el camino? el qual dijo que sí, y se ofresció á ello, y con parescer del Prior, y del Maese de Campo, y otras Personas proveyó como la Fragata se despachase, y que fuese en ella Juan de Aguirre y el Piloto mayor, y les probeyó de bastimentos y gente, y municion, y les dió Instruccion de lo que habian de hacer y que fuesen costeando las costas de las Islas que se veian hasta Zubu, y reconosciese por ella las entradas, rios, Bahias é Caletas, y trabasen amistad con el Rey de Zubu, y viesen si habia en este Puerto Pueblo, y entendiesen la forma dél y supiesen á que parte estan los negros desta Isla, y si los podian ver: dióles resgates que llebasen para muestra y para dar á los Principales: para ida y vuelta les señaló ocho dias, y con esto y otras cosas de que les advirtió los despachó y con ellos por guia el Piloto Borneo, y otro compañero suyo, y por Lengua demas del Piloto, un Negro de su Magestad que venia en esta Armada que habia estado en India y Malaca que sabia hablar la lengua Malaya, muy gran Vellaco: este fué por que el Piloto Moro hablase con los de la tierra, y el Negro con él, y con los Españoles, y desta manera se podian entender muy bien con los naturales, y para ver si entrellos hallarian algun christiano Español, ó en aquella comarca, lo qual deseaba el General para mediante él tener verdadera relacion de lo de aca: esto encargó á los de la Fragata, porque los Borneos le digeron que en Zubu tenian los Indios dos Españoles, y que los años pasados habian dado el uno á Mercaderes Borneos, y que no sabian si tenian el otro, ó que habian fecho dél, y que el que llebaron los Borneos habian resgatado los Portugueses, y llebadolo á Malaca.
Mientras que en esta Caleta la Capitana se aderezaba, el Batel de la Capitana hacia aguada, é yendo una noche al rio donde se hacia que era á la vuelta de una punta de la Caleta algo desviada della, toparon con un Parao grande que venia cargado de arroz y ñames, y como los Indios vieron el Batel dieron con el Parao en tierra, y saliendo dél con lo que pudieron lo dejaron desamparado, y quando el Batel llegó no habia hombre en él, y tenia cantidad de arroz y batatas, y asi lo trageron á bordo de la Capitana: el General mandó que á cosa dél no se tocase, y mandó llamar á los Borneos y les dijo como el Batel que iba por agua habia tomado aquel Parao que hallaron en la costa sin gente, y no sabian cuyo era: que supiese de los de la Isla quien era su Dueño para que se le volviese, porque su Señoria á ninguno habia de tornar cosa alguna contra su voluntad, é que ya de su voluntad algo se les diese, él lo habia de pagar, y no habia de rescibillo de otra manera, especialmente que si el Parao es de los naturales desta Isla se lo habia de volver y no tomarselo con paga, ni sin ella, que les rogaba que fuesen á su amigo Zicatuna, y supiesen si era suyo, ó de alguno de su tierra é siendo ansi embiasen por él, y les dijo mas á los mesmos Moros que entrasen en el Parao, y lo viesen para que pudiesen decir lo que habia y que de ellos no se habia sacado cosa ninguna, porque como ellos lo habian visto en aquel momento lo acababan de traer, y que en él no habia entrado ni entraria hombre: despues de idos los Borneos vino el Zicatuna ante el General: traian consigo diez ó doce Canoas con mucha gente, y dijo que aquel Parao era de un vasallo suyo que venia de Cabalian cargado de bastimentos para la necesidad de la Isla por la hambre que habia, y que de temor del Batel lo habian desamparado y metidose los Indios en el monte, de donde aun no habian salido del miedo que tenian. El General le dijo, que lo llebase y lo diese á su Dueño, porque él ni los suyos no habian de hacer daño ninguno á los desta Isla, y ansi lo tomó, y lo llebaron con gran regucijo y alegria, y los Moros le digeron como no faltaba cosa ninguna dél. Otra noche adelante, el mismo Batel yendo por agua topó otro Parao cargado de arroz, y los que en él venian paresce que tubieron mas animo, y por ventura supieron la seguridad con que podian andar, y aguardaron al Batel al qual hablaron los Indios del Parao y la gente del Batel á ellos con toda amistad, de que los Indios mostraron gran contento, y uno dellos entró en el Batel y por señas tubo gran conversacion con los nuestros, y despues se pasó á su Parao, y se fué, y con esto, y con haberles vuelto el otro Parao se aseguraron los Indios tanto que cada dia venian mas Canoas á las Naos á vender pescado y cera, y un dia traxeron un Puerco hecho pedazos y lo vendieron, é una cabra, aunque algunos de los nuestros la tovieron por carne de perro, y no de cabra, y el pescado era algo grande: lo traian hecho pedazos por venderlo mejor, que son grandes regatones en sus ventas y compras, y se estan quatro horas en vender una nonada, y temporizando. Desta manera viendo la seguridad y libertad que con nosotros tenian en sus ventas comenzaban ya á venir Indias en las canoas á vender pescado, y algunas de sus mantillas que son de rayzes de yerbas.
Un dia de los que estubimos en este Puerto pasó por ante la Nao Capitana un Indio Principal, el qual venia con los Moros Borneos, que á lo que su Persona mostraba era mas principal y de mas calidad que el Zicatuna: Este Indio se llamaba Zigala, y dijo al General, como él era desta Isla, y que no habia venido antes á verle por haber estado fuera de la Isla, y habia llegado el dia antes, y que se queria sangrar y asentar paz y amistad con el General: traxo un presente de un lechon: los Borneos digeron que no habia venido antes porque no tenia cosa que poderle presentar, y el General le dijo, mediante los Moros, que se holgaba de conoscerle, y que tenia por buena su amistad, y luego se sangraron por la forma que el primero segun su usanza: luego le mandó dar de comer y beber lo qual usan ellos muy á menudo, y el Indio trajo un cántaro de bino de palmas y convidó á beber al General, y á los que con él estaban, y en buena conversacion comenzó el Zigala diciendo que los naturales desta Isla estaban muy atemorizados del robo y daño que sobre paz y amistad les habian fecho los Malucanos de Maluco, porque les mataron y prendieron mas de 800 Personas, y contó lo mismo que ya el General sabia de la misma manera que ya los otros habian contado y que para ello no les dieron ocasion, sino que aguardando á que estubiesen juntos en su pueblo un dia, y que alli los saltearon sin saber por que, y que á la grita que pasaba en el Pueblo del Zicatuna salió el Zigala á la mar en una Canoa y vido como ya se iban los Paraos de Maluco que eran ocho, y que le mataron diez hombres de los que llevaba en la Canoa, y que despues aca en viendo vela ó Navio en la mar se metian la tierra adentro, lo qual tenian por su remedio. El General le dió á entender lo mucho que le habia pesado del daño que los de la Isla habian rescivido por el amistad que con ellos tiene el Rey de Castilla, y que supiese que los que están en Maluco no son Castellanos sino Portugueses, y eran diferentes de otro Reyno y Rey que el de Castilla: que los tiene por amigos, y los ha de favorescer en sus necesidades como lo verá habiendo menester su favor, que el General se lo daria en su Real nombre, y que le abisase de sus necesidades para que viese como en ellas le socorria como Amigo del Rey de Castilla. El Zigala mostró contentamiento desto, y dijo, que debajo de la amistad fecha el estaba siguro, y los Indios vernian á tratar al Armada con toda seguridad, y que era su voluntad que si algun Indio de los suyos enojase á algun español le avisasemos dello para castigarlo, y que si algun Castellano hiciese daño á los Indios él lo avisaria al General para que lo mandase castigar, y que desta manera estarian todos contentos y siguros: el General le prometió seria de la manera misma que él lo pedia, porque de parte de nosotros estobiese cierto que no se les haria enojo ni desabrimiento: mandó dar á Zigala un pedazo de manteles alimaniscos, un espejo, una basinica, tixeras y cuchillos, y margaritas, y cuentas, y porque dijo que tenia quatro hijas le mandó dar el General para ellas una docena de Margaritas, digo de caxcabeles y otra docena de sartas de Christalina, y asi mismo mandó dar cuentas á los Indios que con él venian, y uno dellos presentó al General una toquilla azafranada que traia tocada en la cabeza al qual el General mandó dar un espejo dorado, y una sarta de cuentas de corales de los suyos, y como Zigala lo vió se lo tomó al Indio por que se acodició al espejo dorado que era bueno, ó por lo que quiso, y lo puso junto con lo que el General le dió á él, y así se despidió, y se fué muy contento en su Canoa.
En todo este tiempo los Moros Borneos entraban en las Naos con toda siguridad y libertad y trataban con los Españoles vendiendoles de lo que traian en el Parao á los nuestros. Los Moros como vieron tostones de plata aficionaronse tanto á ellos que no querian tomar otro resgate, y por ellos daban todo lo que tenian y ansi vendieron muchas mantas de las destas Islas y de Malaca, las quales compraba la Gente para vestirse que muchos dellos estaban desnudos y destrozados, y el General les compró un esclavo, é una esclava, y un muchacho por Lenguas, porque digeron que eran de Mindanao, naturales y sabian la Lengua destas Islas, y entendian algo de la Malaya, aunque despues pareció que el Indio Esclavo no sabia la una Lengua, ni la otra, y la India y el muchacho sabian poco: costaron cada pieza 30 tostones, y aunque los Moros Borneos se entendió no trataban verdad con el General, y menos en lo que interpretaban con los naturales, porque en platicas que con ellos tubieron se entendia que lo hacian de mala gana, y que no decian lo que el General les mandaba dixesen, ni al General decian lo que los Indios naturales decian á ellos, como les iba su propio interese, temporizaba el General y pasaba por ello, y no embargante su ruindad siempre les hacia y mandaba hacer buen tratamiento por la necesidad que dellos tenia, y ansi luego como los traxeron presos le digeron los Moros, como algunos de los soldados cuando los entraron rendido el Parao, les habian tomado alguna ropa de mantas, oro, é otras cosas, mandó el General á los Capitanes inquiriesen y buscasen que cosas habian tomado, y quien, y se les restituyese, lo qual se hizo y volvió alguna ropa que se les halló, una campana, unos pesillos de oro, é otras presas que parescieron entre los soldados, los quales blasfemaban del Diablo, y se daban á perros, diciendo que porque no habian de poseer lo que habian ganado peleando, que pues eran Moros, se lo podian tomar licitamente, alegando leyes en prueba de su intincion, mas el General que veia no ser el tiempo, ni la conyuntura presente aparejada, sino para usar toda clemencia, y aun ojalá bastase para cobrar los Castellanos buen crédito sobre el malo que tenian, no embargante lo que la gente decia, por serle tan amarga la restitucion todavia lo restituyeron, y porque los Capitanes dixeron que algunos de los heridos y los demas habian gastado parte de la ropa que tomaron en curarse, y en hacer bestidos, por la necesidad que dellos tenian, mandó el General echar bando, que los soldados que tenian tomado alguna ropa del Parao la manifestasen, porque él la queria pagar á los Borneos, ya que ellos la habian deshecho para sus necesidades, y que todas las demas cosas las restituyesen, é ansi algunos dellos manifestaron alguna ropa que tenian deshecha, y se habian aprovechado della, por estar desnudos, y desta manera procuraba contentar á los Borneos, y hacerles todas las buenas obras que podia, aunque, como se ha dicho, entendia que no le eran buenos terceros para con los naturales, y asi mismo los Religiosos por su parte procuraban que los Soldados restituyesen todo lo que habian tomado y hubo comodidad para ello con la Quaresma en que estabamos, diciéndoles que no les habian de absolver sino restituian, y con estas persuasiones iban algunos manifestando; todo lo qual hacia recoger el General para volverselo todo junto, y entendido por los Moros la diligencia que el General ponia para que hubiesen su hacienda mostraban mucho contento, y decian tener bien entendida la bondad y liberalidad del General; recogieronse entre los Soldados como veinte y cinco onzas y media de oro en joyas quebradas y una campana; dos panes de menjuy y cierta cantidad de zera, y libra y media de seda de colores floja en madejas, y veinte porzelanas, y unas bazinicas de laton, un anillo de oro, y ciertas mantillas, y otras presas, todo lo cual el General lo restituyó y dió á los Borneos, sin que dello faltase cosa, en presencia de los Oficiales de Su Magestad, y del Escribano de Governacion, y las mantas que los soldados manifestaron haber tomado, y haberlas deshecho fueron quatrocientas y treinta blancas y pintadas; por las quales conforme á lo que en estas Islas valen se les tasó con acuerdo de los Capitanes y Oficiales de Su Magestad que se les diesen ciento y quarenta pesos, ó su valor en resgates, y por ser el cobre el resgate que menos vale, y que los naturales no lo quieren tomar, se concertó con los Borneos se les pagase en cobre, de lo qual se les dió 19 arrobas en planchas á razon de 30 pesos de tepusque el quintal, y desta manera se les pagó, y volvió á los Borneos todo aquello que se pudo haber que les habia tomado, de lo qual ellos quedaron muy contentos puesto que digeron que les faltaba mas oro, pero como no se pudo hallar y ellos vieron la diligencia que se puso en buscarlo digeron, que con aquello quedaban satisfechos por lo que faltaba. Despues de vuelto y pagado por lo que en especie no paresció, como está dicho, el General les dijo, que aquello usaba con ellos, porque ansi era la voluntad del Rey de Castilla su Señor, para que entendiesen quan grande es el valor, bondad y magnificencia suya, y que si esto que les volvia, ó algo dello, era de alguno de los que murieron en el Parao, ó se huyeron en la Canoa que se lo volviesen á ellos, ó á sus herederos, porque su intencion era no tomar lo ageno sino dar á cada uno lo que fuese suyo. Los Moros digeron, que lo harian de la manera mesma que el General se lo mandaba, y que con aquella condicion lo rescebian.
Estubo el General en esta Caleta de Bohol aderezando la Capitana, y aguardando la Fragata que habia despachado á Zubu, y viendo que llebó ocho dias de termino, y que ya habian pasado treze, rezeloso de algun peligro que les hobiese acaescido, mandó llamar los Borneos y les dijo que de su parte llamasen á Zigala y á Zicatuna sus amigos para que le diesen una Canoa que fuese á Zubu á buscar noticia de la Fragata: los Moros fueron y llamaron los dos Principales, los quales embiaron á decir al General que otro dia siguiente vernian á las Naos para despachar la Canoa, y si fuese menester irian ambos ó el uno de ellos. Otro dia vinieron los dos en un grande y buen Parao esquifado con treinta Remeros, ofresciendose al General que irian ambos, porque los de Zubu eran sus amigos, y se informarian dello si sabian alguna nueva de la Fragata y si la topasen ¿que se les habia de dar para los Remeros? El General les dijo que viese él lo que queria, y que se les pagaria en cosas de resgates de lo que traian; ellos digeron, que el precio se habia de hacer á taydes de oro, y que cada tayde es nueve pesos, é un tomin, aunque despues se les haya de pagar el valor de lo que se concertasen en otras cosas, porque así lo acostumbran ellos, y pidieron tres taydes de oro: el General les dijo que les daria dos, ó el valor dellos en lo que quisiesen, y ellos digeron que eran contentos, y que la paga había de ser en hierro, y que los Borneos les darian á ellos valor de dos taydes de oro en hierro, y que nosotros diesemos á los Borneos por ello otra cosa. Los Borneos digeron que fuese ansi, y que los dos taydes los querian en tostones, y que ellos contentarian á los Indios. Era tanta el aficion que á los tostones tomaron estos Moros, que tras cada uno se les iban los ojos y por haber algunos hicieran qualquier cosa y asi se concertó de dar los Borneos por cada tayde de oro cinco de[88] y que ellos pagasen á los Indios que habian de ir en el Parao, los quales fueron contentos; y dijoles el General, si querian que fuese con ellos algun Español: los indios digeron que fuese uno ó dos y llevasen arcabuzes, por si topasen algunos salteadores les ayudasen. El General mandó ir con ellos dos soldados arcabuzeros, á los quales encargó mirasen, y entendiesen por todas vias que pudiesen si pudiesen ver la Fragata, ó haber nueva ó rastro della, ó de los que en ella fueron, y en Zubu que Puerto y entrada tenia el Pueblo, que casas y gente, y los que entendiesen de la dispusicion de la tierra, lo qual todo deprendiesen bien para informarle dello: dioles una carta para Juan de Aguirre, y con esto los despachó encargando á los principales amigos que mirasen por ellos, porque se los confiaba como amigos, de los quales les habian de dar cuenta y volverselos á entregar como los rescibian. Los Principales dixeron, que pues iban con ellos, iban bien seguros, y no tenian de que temer: rogaron al General que mientras ellos estaban absentes no consintiese que ninguno fuese á su Pueblo: ni los Borneos Moros tampoco: el General les prometió de hacerlo ansí, y ellos se fueron quedando de volber dentro de cinco dias.
Despues de despachada esta Canoa, y fin de quinze dias que se habia partido el Patax San Joan para Botuan, volvió á la Caleta donde estaba el General y la noticia que trajo fué, que en el Puerto de Botuan hallaron dos Juncos de Moros de Luzon, y que estaban contratando con los de la tierra, y que habian visto y hablado al Rey de Botuan, al qual hicieron un presente de las ropas que se habian fecho para el de Mazagua, y de otras cosas, y que les habia dicho el Rey que si no habia mas de un Navio que entrase en el Rio y que contrataria con él, y que aunque provaron á entrar en el Rio no pudo entrar en él el Patax por tener no mas de una braza de agua, y que los Moros de los Juncos salieron en Canoas á donde estaba surto el Patax, y entraron dentro á ver que resgates llevaban, los quales les mostraron y á la vuelta tostones de plata, á los quales cobraron tanto amor como los Borneos, y no los miraban menos aficionadamente, y preguntaron si llevaban mucho deste genero, y que darian por ellos oro y cera quanta quisiesen. Tambien se llegó á bordo el mesmo Rey de Botuan, y un hermano suyo, aunque no quisieron entrar en el Patax y creese que lo dejaron de hacer de miedo de los Moros, y por su consejo que procuraban que no resgatasen sino con ellos, y digeron que darian tres bahares de oro que son doze quintales á trueco de tostones de plata, y llegando al precio se hizo de modo que por un peso de oro les diesen seis de plata y la cera un peso de dos arrobas y diez y seis libras siete pesos y dos tomines en tostones.
El Thesorero Guido de Lavazaris llevó ciertos tostones de los que se hicieron de la almoneda de ciertos difuntos, de los quales el era Thenedor, y al respecto de 6 por uno los dió á los Moros, y ellos dieron oro en polvo y en joyuelas, y todo lo que trajo fué diez y siete marcos y seis onzas, y de cera obra de 20 quintales poco mas ó menos, como parescerá por la relacion que los mismos oficiales de la Real Hacienda embian: paresce que los naturales de Botuan venian al Patax y traian oro y cera, y queriendolo vender los Moros les iban á la mano y se lo estorvaban induciendoles que no tomasen de los del Patax sino tostones de plata, y se vido tener sus cosas vendidas á trueco de lienzo y tafetanes, y les hacian desvaratar el concierto, diciendo que los engañaban, ó con otros medios que bastaban á convertirlos á su intencion, asi no tomaban sino tostones á los precios arriba declarados lo qual debia de ser con intento que ellos habrian despues de los naturales los tostones que los nuestros les diesen, por que los desta Isla ni conoscen tostones, ni los tratan, ni saben lo que son, y si los tomaban seria como se entendió por consejo de los Moros y para ellos, porque era grande en estremo la ansia que mostraban para habello y rogaban que les diesen tostones, y que á trueco dellos darian todo el oro que tenian, y señalaban tener mucha cantidad, y preguntandoles por canela los naturales traxeron muestra della de que se resgató obra de una libra muy fina y buena, y digeron á los Moros que si les diesen mucha canela que les tomarian todo el oro, los quales dixeron que les diesen término de diez dias, y que les harian traer mucha canela, respondioseles que no podian detenerse tanto, respondieron que fuesen cinco, mas los Moros como que lo que trataban y decian era cautela no los creyeron porque los cogieron en muchas mentiras, y en la cera que vendieron la primera vez se hallo un notable engaño, y fué, que eran unos panes grandes y en medio venia mucha tierra, á la qual cubria el rostro de la cera buena, y mostrandoles la maldad se escusaban diciendo, no tener ellos la culpa sino los de la tierra, de quien ellos la compraban y tomando su cera volvieron otro dia con ella, y el engaño que antes traian en medio, traian ahora por los cantos y esquinas, y con este engaño del Diablo pudieran defraudar á mas parte del valor, y aunque los Moros veian su maldad presente no mostraban mucha pena, antes como al principio ponian la culpa dello á los naturales de la tierra, y algunos dellos que estaban presentes digeron que ellos vendian la cera á los Moros en cañutos y panecillos muy pequeños, en los quales no habia engaño, y que los Moros lo juntaban en aquellos panes grandes donde hacian la vellaqueria, y á la verdad esto es lo mas cierto, segun lo que se conosce de la bondad y virtud destos Moros. Los Soldados que iban en el Patax como entendieron la gran suma de oro que los Moros decian tener en los Juncos, y le fuesen aficionados no menos que los Moros á la plata, deseaban saltar en los Juncos y daban razones diciendo que demás de ser Moros trataban engaño con ellos en la contratacion de la cera y defraudaban lo que les daban de tierra y palos, y tambien decian, que los Indios querian tratar en el Patax, y ellos no los dejaban y los emponian en mala costumbre, y maleaban á ojos vistos, como está dicho, y otras cosas, y que cada cosa por si de ellas era bastante para justificar el negocio, quanto mas tantas ocasiones acomuladas insistian sobre esto, y para ello tomaron las armas en la mano, los Oficiales, y el Religioso que iban en el Patax lo estorvaban y decian, que la Instruccion del General les mandaba no lo hiciesen, antes que á los Juncos Extranjeros hiciesen buen tratamiento y tratasen con ellos de buena amistad, y las otras cosas que cerca desto traian por Instruccion, y que demas que no era honesto exceder de la comision seria alterar toda la tierra, y convertirla contra nosotros, y tenian ocasion de decir que andabamos á robar: mas todo esto no bastaba para que los Soldados perdiesen el amor que al oro habian tomado, y no embargante las razones con que los contradecian, importunaban al Capitan que no curase de mas razones, sino que diesen en los Juncos, pues ya los Moros les habian comenzado la guerra con mañas y traiciones, y aunque el Capitan lo deseaba, y por ventura tanto y mas que los Soldados no se atrevió á exceder de la comision que llevaba, y con esto alzaron vela, y siguieron la costa en busca de la canela, y como fuesen tan desgustados de no haber tomado el oro de los Juncos renegando del Capitan, determinaron volberse á donde habian dejado el Armada, y asi volbieron sin ver lo de la canela, que era el principal negocio donde los embiaron, y llegando viendo el poco recabdo de lo que traian de lo mas principal á lo que el General los envió, los reprehendió asperamente por quedar cortos, tanto en el cumplimiento de lo que les mandó, y mas al Capitan por que contra la Instruccion consintió se platicase de querer tomar los Juncos, y que si los hobiera enojado le castigaran por ello gravisimamente.