Es principio indubitable que los puertos de arribadas deben ser seguros y de fácil entrada, donde los navegantes se acojan impelidos de las borrascas, de necesidad de víveres ó de la incomodidad de la navegacion, para procurarse seguridad, descanso, refresco ó habilitacion del buque; y no pudiéndose encontrar ninguno de estos alivios en los puertos de la costa patagónica, ya se vé por esta parte que no son de utilidad alguna: consideracion que se extiende á que tampoco lo son para las demas naciones, fuera de que en puertos de mareas tan variables y excesivas, nadie querrá arrojarse á la arribada, temiendo le fuese mas perjudicial que la borrasca. Esta misma circunstancia, aunque por otro término, concurre en el Rio Negro, pues ademas de ser peligrosísima su entrada, no la permite la barra sino á embarcaciones menores, como bergantines, zumacas ó lanchas que calan muy poca agua, y este es el parage en que se encuentran tierras que cultivar, pero tan corta que es solo la que baña el rio en sus mareas: y aunque no obstante esto pudiera continuarse la poblacion, sin embargo de las incomodidades y riesgo de los indios, que atrae el haber de hacer las siembras á la parte del sud, como lo explica D. Basilio Villarino en su informe número 8, no veo utilidad en su aumento, por no ser puerto capaz de embarcaciones mayores, por la falta de comercio con esta provincia: pues por tierra median muchas naciones de indios infieles en la dilatada pampa, desde aquel rio hasta Buenos Aires, y por mar, es preciso esperar la estacion del verano, porque la navegacion del rio arriba ofrece grandes dificultades en sus corrientes y tornos. De modo que parece imposible que ninguna nacion intente esta empresa, aun cuando dicho rio se extienda è introduzca en la jurisdiccion de Mendoza, lo que aun no se ha podido averiguar en los reconocimientos, y se está actualmente haciendo el último esfuerzo para aclararlo.
Para corroborar el concepto de este establecimiento, me ha parecido tambien incluir á V.E. un oficio del Comisario Super-intendente, D. Francisco de Viedma, bajo el número 11, porque en él se reconoce que, despues de establecido tanto tiempo en el Rio Negro, donde se ha consumido ingente caudal, intentaba la poblacion principal en el Colorado, figurando en la Bahía de Todos Santos, y la Anegada, donde desagua dicho rio, todas las utilidades que pueden desearse: pero, aun dado el caso de que sean parages seguros, se necesita otro fuerte, poblacion, grandes gastos por consiguiente, y mucha tropa para contener la indiada que allí concurre, que inquietaria continuamente los pobladores, robaria el ganado, é impediria siempre la comunicacion con Buenos Aires.
El Rio Colorado está reconocido hasta 25 leguas por su orilla, y se ha visto que carece de leña, pues solo hay unos pequeños sauces muy torcidos: la mas inmediata se halla á 10 leguas de la márgen del rio. Su terreno puede llamarse infecundo, porque, segun las señales y las noticias de los indios, las grandes mareas lo inundan; y aunque parece frondoso, lo causan estas inundaciones que dejan pantanos intransitables, á lo menos en las cuatro primeras leguas de su boca. Es rio que se vadea por muchas partes y no permite la entrada de otras embarcaciones que pequeños bergantines, varando infinitas veces: así se ve en el diario número 12, y en el plano que D. Basilio Villarino hizo cuando fué al descubrimiento de dicho rio. La Bahía de Todos Santos y la Anegada son enteramente inútiles, pues ademas de ser su terreno de muy mala calidad, no tiene agua sino en unas pequeñas lagunitas que se forman de las lluvias: por esto el citado Villarino se vió en la precision, cuando salió del Colorado, de dejar seis pipas ó cuarterolas llenas de agua cerca de la costa, por si se le ofrecia volver por semejantes parages. Contribuye tambien para su inutilidad el no haberse hasta ahora reconocido canal para llegar á dichas bahías, mas que por una infinidad de bajos y la costa, la que se supone ser buena. Viniendo de mar afuera no está reconocida, y se supone con fundamento que los bajos se extienden mas de tres leguas de la costa por la reventazon que se vé, lo que hará siempre á dichas bahías inútiles para los fines propuestos.
Ya V.E. está enterado de las calidades de los demas puertos que se han reconocido en toda la costa: mas no obstante conviene hacer memoria de aquellos en que se ha detenido mas tiempo la inspeccion de los comisionados y de otros sugetos. El Puerto Deseado es muy angosto en el espacio de media legua, la velocidad de la corriente en el flujo y reflujo es de siete á ocho millas por hora, y una gran parte del fondo está sembrada de bancos y piedras: sus campañas están cubiertas de arena, de modo que no se encuentra en ellas un arbusto: no hay en todo aquel terreno, manantial de agua dulce, ni los pozos ó cazimbas que se han abierto en la playa, pueden dar la cantidad suficiente para el gasto diario de las embarcaciones, y para llenar la vasijeria de la bodega. La entrada y salida del puerto es sumamente peligrosa, y muy pocas veces puede conseguirse la primera sin fondear antes sobre la costa, en cuyos casos los vientos de travesía (que por desgracia son frecuentes en estas mares) ponen á las embarcaciones en riesgo de un naufragio.
En un puerto de esta naturaleza no puede subsistir mucho tiempo una colonia, á menos que esta fuese socorrida desde el Rio de la Plata con todos aquellos víveres que se juzgan de primera necesidad: pero aun en este caso, no podria servir de escala á las embarcaciones españolas que navegan á la mar del sud, por las razones que quedan expuestas. Los ingleses, ú otros cualesquiera enemigos de la España que naveguen á estas costas, solo podrán hallar en el Puerto Deseado un asilo contra los temporales que se experimentan por el invierno á lo largo de la sonda de la costa patagónica, pero, de ningun modo formar desde allí expedicion alguna contra los establecimientos que tenemos en la América Meridional; porque en el caso de que intentaren venir hácia el norte, y entrar en las provincias del Rio de la Plata, se verian precisados á atravesar unos vastísimos desiertos, en los cuales pereceria infaliblemente la mayor parte de ellos: y si intentasen penetrar hasta la costa del sud, no podrian conseguirlo sin pasar por la cresta de los Andes, que se dirigen ò proyectan de norte á sud á lo largo de esta América hasta la orilla septentrional del estrecho de Magallanes: y siendo esta empresa tan difícil y peligrosa que casi raya en lo imposible, parece que nada debemos temer por esta parte de nuestros enemigos.
Finalmente, no podemos prometernos que en este Puerto Deseado se establezca algun ramo de comercio, porque tiendo aquel terreno arido y seco por naturaleza, no puede haber comercio, ni aquella especie de industria, con la cual se mantiene un gran número de artistas en los paises civilizados.
Debe concluirse, pues, que cualquier establecimiento que se forme en Puerto Deseado, es muy gravoso al erario del Rey, y enteramente inútil para las miras políticas del Gobierno.
La Bahía de San Julian no ofrece ventajas para nuestra navegacion y comercio: tiene la única circunstancia de ser abrigada y de buen tenedero, todo lo demas es muy malo; en primer lugar es puerto de barra, y para la entrada y salida se necesita esperar la marea, y que entonces haya un viento fresco favorable: la rapidéz de su corriente puede regularse de cinco millas por hora: la barra queda con solos dos pies de agua en la vaciante, y en la creciente tiene hasta 36, de lo que resulta que entre el flujo y reflujo no puede haber un momento de reposo, cuya circunstancia es poco favorable para las entradas y salidas. Ademas de esto, hay el gran riesgo de acercarse á la costa, ó dar fondo sobre ella para esperar á que cresca el agua, pues entretanto puede soplar el viento de travesía, y naufragar cualquiera embarcacion.
Las demas circunstancias de este puerto le hacen absolutamente despreciable, pues concuerdan los informes en que no hay arbustos para leña, ni árboles para hacer madera en todas aquellas inmediaciones. Concuerdan tambien en que el agua es salobre, y en que la única de que pudiera hacerse uso, está á dos leguas de la poblacion; y concuerdan por último, en que las semillas de las legumbres de Europa no nacen ó no crecen, y que el trigo y cebada fructifica muy poco: lo cual no debe extrañare, porque el excesivo frio que se experimenta en esta parte de la costa, el desarreglo de las estaciones, lo salitroso y arenisco del terreno, su aridez y desolacion, (sobre que concuerdan todos los informes) anuncian que serán infructuosos los trabajos de los colonos; que estos nunca podrian subsistir con los frutos del país, y que las embarcaciones españolas que naveguen á la mar del sud, nunca hallarán en San Julian cosa alguna de las que puedan necesitar para su viage; que es lo mismo que decir que el puerto es inútil, y que sus pobladores perecerían si no fuesen socorridos de estas provincias.
Lo últimamente reconocido, mas al sud de San Julian en el Rio de Santa
Cruz, segun lo demuestra el plano levantado por el pilotin José de la
Peña, se puede hacer formal juicio de su inutilidad por todos términos.