y subirlos arriba y derramarlos,

no en el jardín sino en el pozo mismo.

Viólo un anciano, y con su voz machucha

le dijo: —¿Sabes, joven, que no entiendo

ese tu afán tremendo

en fatigar la soga y la garrucha?

Si al verte sacar agua en tal manera

te viese al menos arrojarla fuera,

vería yo algún fin en tu trabajo;

pero ¿a qué es esperar ansia tan viva