eran las doce en punto,

hora propicia al robo y al pillaje,

cuando aportaba por aquel paraje

uno de los ladrones forajidos

de más renombre: un Zorro veterano,

terror de todo el campo comarcano

en leguas veinte y treinta a la redonda,

en torno al árbol ronda,

alza el hocico hambriento

de palpitante carne; atisba, husmea,