y ve a la Ardilla en su elevado asiento:
ya su imaginación la saborea
y la boca se lame,
y la cola menea;
mas ¿cómo podrá ser que a tanta altura,
si no le nacen alas, se encarame?
Iba casi a decir “no está madura”,
cuando le ocurre una famosa idea.
—Bella señora mía,
vuesa merced perdone —le decía—