tan pobre y mísero estaba,

que sólo se sustentaba

de unas hierbas que cogía.

—¿Habrá otro—entre sí decía—

más pobre y triste que yo?

Y cuando el rostro volvió

halló la respuesta, viendo

que iba otro sabio cogiendo

las hojas que él arrojó.

(La vida es sueño, jornada 1.ª)