dijo—. Y el ama ligera,
que ya temió sus cosquillas,
con puchero y escudillas
rodó toda la escalera,
diciendo: —¡Ay, Virgen Sagrada,
librad a Mari-Guisada
de sus uñas importunas!
Quedando el amo en ayunas,
y la rucia ama, rodada.
(Lances de amor y fortuna, jornada 3.ª, escena IV.)