suyo el defecto. Tú así
presumes que no está en ti
la culpa; y aunque te pese,
es tuya, y no la conoces,
pues das, sordo, en la locura
de no entender la hermosura
que el mundo te dice a voces.
(El pintor de su deshonra, jornada 2.ª, escena II.)
POR NO HABLAR CLARO
Pues mal hace en no decirlo