sé un secreto singular
con que se ablande—. Y cogiendo
la polla, que viva estaba,
vió que los pies la quemaba,
con que a nuestro reverendo
muy blanda le pareció;
y aunque el hambre pudo hacello,
atribuyéndolo a aquello,
en la cama se acostó.
Estaba la cama dura,