y pegándole muy bien,

le dijo con voz furiosa:

—No es a ti, sino a la diosa.

Que es esto mismo también;

y así, pidiendo primero

del compararte perdón,

las honras del Rey no son,

Tello, a ti, sino al dinero.

(Los Tellos de Meneses, 1.ª parte, acto 3.º, escena I.)